-¿Cómo que “Ah, esa foto”?- Chelsea hizo un intento fallido
de imitar la voz de Colin, al mismo tiempo que se acercaba más a la fotografía
para poder inspeccionarla.
-Sí, es que bueno…- Ed tosió aposta, para contener las ganas
de reír- Nunca nos dejabas la cámara, así que pensamos que, bueno, por una vez
que la usáramos…- dijo seriamente, mientras Colin hacía pequeños ruiditos que
indicaban que en cualquier momento, explotaría de aguantar la risa.
-Sois unos desgraciados- Chelsea negó con la cabeza.
En aquella foto, estaba plasmada la total idiotez de los dos
adolescentes. Edward salía a la derecha, con la mano extendida hacia su diestra
y estaba colocada de una forma en la que, gracias a un efecto óptico, parecía
que éste estaba cogiendo entre sus dedos gordo e índice la cabeza de una mujer
inocente que se encontraba sobre la plataforma por la que Chelsea tuvo que
pasar dos meses atrás, la de la montaña rusa.
A parte de aplastarle la cabeza a una persona, la cara que había puesto
el moreno para esa foto resultaba un tanto jocosa. Miraba perversamente a la
mujer con sus penetrantes ojos azules, y la curva de su boca combinada con la
postura de sus cejas, formaban una expresión maligna, tal y como si fuera el
malo de una famosa película. Y, como en cada película, si hay un malo siempre
tiene que haber un bueno, que esta vez interpretaba Colin. Él estaba situado a
la izquierda de la captura, y se podía ver cómo en ese momento, él era el que
hacía la fotografía; su mano derecha estaba tan cerca del objetivo que se podía
apreciar perfectamente que esa era la mano que sostenía la cámara. En cuanto a
su posición, la mano restante estaba echa un puño y se colocaba sobre su
cadera. Su mirada se dirigía hacia las estrellas que esa noche adornaban el
firmamento y sus ojos entrecerrados mas los morritos que puso hacían la
expresión de un superhéroe en un intento de parecer sexy.
Chelsea intentó enfadarse porque, aunque no le gustara nada
esa característica suya, no se fiaba mucho de la gente para dejar las cosas de
tanto valor para ella si no sabían usarlas, además, ya les había avisado a sus
dos mejores amigos de que aquello no la agradaba. Pero esa fotografía la
superaba.
La chica empezó a reír, sin poder contenerse. Sus amigos se
sorprendieron un poco de su reacción, ya se habían preparado para la regañina
que supuestamente ella les iba a echar a continuación. ¿Qué sensación más
placentera en esta vida que chinchar a la rubia? Por la parte egoísta, les
molestó un poco que se lo tomara bien. Por otra, se alegraron que no tener que
pasar por la parte en la que ella se enfadaba con ellos y dejaba de hablarlos
por unos veinte minutos. Como ella rió, los dos chicos se dieron el capricho de
hacerlo también, a riesgo de que a su amiga le molestara que ellos lo hicieran.
-¿No habías borrado la foto, imbécil?- Ed le pegó una colleja
a Colin cuando se les pasó un poco el ataque de risa a los dos. Ella todavía
seguía riendo.
-Pero vamos, ¿de verdad te creías que sabía usar esa cosa?
Mira qué de botones tiene.
-Si me hubieras dejado a mí, fijo que la borraba.
-Claro, como eres más listo que yo…
-Ahí le has dado.
-Ironía, Ed. Ironía.
-Pero… ¿por qué…? ¿Por qué esto?- la chica agitó la foto, con
una sonrisa divertida.
-Nos aburríamos, ¿vale?- rió Ed- Además, así ya tienes un
buen recuerdo de nosotros.
-Como si me faltaran- Chelsea rodó los ojos-. Lo colgaré
encima de la chimenea.
-No tienes chimenea.
-Ya lo vas pillando.
A la chica se le antojó conservar la foto, estaba segura que
en un día gris, bastaría con mirarla para que su ánimo subiera. Ella pensaba en
ponerla en su pared junto a las demás fotografías, pero los dos muchachos se
opusieron ante su opinión diciendo que esa foto merecía un lugar más eminente.
Casi se ofende ante esa sugerencia; ¿acaso querían decir que un trozo de papel
donde salían ellos dos haciendo el tonto, valía más que las demás capturas que
ella había sacado con esfuerzo e imaginación? Pero ellos se dieron cuenta y rápidamente
añadieron que no era por la fotografía en sí, si no por “el valor sentimental”.
-Sí, sí. Excusas- rió Chelsea mientras volvía a depositar
todas las fotografías en el interior del sobre.
-Pues con la tontería, ya hemos llegado- dijo Colin, al
avistar la casa de Juliet a pocos pasos.
-Genial.
Se acercaron hasta el umbral de la puerta de la casa de la
chica, y llamaron al timbre. Era extraña la manera en la que esa melodía ponía
nervioso inmediatamente a Colin. No porque el sonido le irritara, sino porque
ya lo tenía relacionado con ver a Juliet y aunque ya llevara dos años pasando
por esa situación, aún sentía lo mismo que la primera vez que vino a buscarla a
su casa; inquietud y mariposas.
-Hombre, chicos- el padre de Juliet abrió la puerta.
-Hola señor Harrison, ¿podemos pasar?- preguntó Chelsea con
una sonrisa.
-Claro, adelante- el hombre se retiró de la puerta, dejando
así un hueco por donde ellos pudieran entrar-. Estaba preparando unas galletas-
dijo con voz risueña, limpiándose las manos en un pequeño delantal azul que
llevaba atado sobre la cintura.
Al señor Alan Harrison le encantaba la hostelería hasta el
punto en que soñaba con abrir su propia pastelería algún día. Desgraciadamente,
por ahora tenía que conformarse con su trabajo actual, no tenía el dinero
suficiente como para todos los gastos que ese afán requería. Al menos podía
hacer aquellos dulces en su casa, como hobby.
-No pierde el tiempo, ¿verdad?- Edward sonrió, al mismo
tiempo que le echaba un vistazo a la decoración de la casa.
-Hijo, hay que saber aprovechar cada segundo que pasa. Mañana
mismo puede entrarte un cáncer y te darías cuenta de que has malgastado tu
vida- dijo Alan.
-Ahora me ha metido miedo- Ed introdujo las manos en sus
bolsillos. Ese gesto ya era característico del chico.
-Por cierto, ¿está Juliet en casa?- dijo Colin, con timidez.
-Ah… Claro. Está en su habitación.
Entre Alan y Colin había bastante tensión. A Alan siempre le
había caído muy bien el novio de su hija, ya que ella le hablaba bien de él y
el muchacho sabía cómo manejarse con los padres de sus novias, pero todo cambió
cuando Alan se enteró de que Colin había dejado a Juliet encinta. Él pensaba
que había destrozado la adolescencia y la vida de su hija, pero lo que él no
quería aceptar es que ahora, Juliet era incluso más feliz que antes. Además, el
hombre secretamente valoraba que el chico no huyera como cual cobarde de los problemas,
sino que los afrontara y estuviera dispuesto a formar una familia a tan
temprana edad. Pero que le hubiera hecho eso a su hija, era algo que se veía
incapaz de perdonar.
-Gracias- el rubio hizo una incómoda sonrisa y se dirigió a
las escaleras para subir a la planta de arriba, segunda puerta a la derecha. Ya
sabía de memoria cuál era el dormitorio de Juliet.
Ed, tan campante, estaba dispuesto a seguir a su amigo por las
escaleras, pero antes de que pudiera avanzar mucho, Chelsea le agarró de la
muñeca para que se quedara con ella. Quería dejar a Colin y Juliet en la
intimidad; sabía que si Ed subía con ellos, lo iba a fastidiar todo.
-¡Bueno…! Nosotros le ayudamos a hacer las galletas, si le
parece- sonrió excesivamente Chelsea, con un tono especial para que Ed se diera
cuenta que ahí arriba, él sobraba.
-Claro, venid a la cocina- Alan se dio la vuelta y caminó
hasta la cocina. Mientras él no miraba, la chica aprovechó para retener a Ed.
-Escucha- le susurró, cogiéndole de los hombros-, Juliet y
Colin quieren intimidad, así que mejor nos quedamos aquí abajo un rato, ¿vale?
Ya bajarán ellos cuando quieran estar con gente.
-De acuerdo- dijo Ed, en el mismo tono que ella.
-¿Venís, chicos?- gritó Alan desde la cocina.
-¡Ya vamos!- respondió Chelsea, avanzando hacia donde estaba
el señor Harrison mientras agarraba a Ed de la muñeca para guiarle.
Colin paró en la puerta del cuarto de Juliet para comprobar
si estaba ahí, procurando no hacer mucho ruido. Ella se encontraba de espaldas
a él, sentada en la silla de su escritorio que estaba colocado debajo de una
gran ventana por donde los débiles rayos de sol que atravesaban las grises
nubes, traspasaban el cristal. Juliet tenía la mirada fija en un libro que estaba
abierto sobre la mesa, aparentemente estaba muy concentrada en su contenido y
de vez en cuando susurraba cosas por lo bajo, como si intentara memorizarlas.
Colin sonrió al ver esa imagen.
Antes de entrar a la habitación, escondió el peluche que
compró a Rosie aquel día tras su espalda y se acercó sigilosamente hacia ella,
intentando que sus pasos hicieran el menor ruido posible para no ser
descubierto. Una vez estuvo justo detrás de ella, agachó su cabeza hasta que su
boca quedó a pocos centímetros de su oreja.
-Bú- dijo éste, esperando que ella se asustara.
-Hola, Colin- le dijo ésta para su sorpresa, sin despegar la
mirada del libro.
-¡Mierda!- se quejó Colin- ¿Desde cuándo sabías que estaba
ahí?
-Ah, Jay, Jay…- Juliet negó con la cabeza- No sabes hacer las
cosas silenciosamente. Tendría que darte unas clases algún día de estos.
-Ah, Marie, Marie…- Colin la imitó- El problema es que tú
tienes un oído muy agudo.
-Sabes que no me gusta que me llames por mi segundo nombre,
Jay.
-Dejaré de hacerlo si tú lo haces también, Marie.
-Vale, para ya- rió Juliet.
Colin torció la espalda para así poder abrazar a su chica por
detrás, apoyando su cabeza sobre su hombro derecho. Mientras, sujetaba al
peluche entre sus piernas.
-¿Estabas estudiando?- dijo Colin al ver que aquel libro
tenía fórmulas matemáticas.
-Ahá. ¿Crees que si estudio mientras estoy en estado, Rosie
saldrá más lista?
-¿Estudiabas por eso?- rió, y ella lo negó agitando la
cabeza- Quizá luego aborrezca los exámenes.
-¿Tú crees?- dijo, empujando al libro hacia delante con una
mano, entrándole grima- Entonces lo dejo por hoy.
Colin paró de abrazarla y dio unos pasos hacia atrás, cogiendo
al osito de entre sus piernas y poniendo las dos manos en su espalda para
esconder el peluche. Rezaba por que no lo hubiera visto cuando entró en la
habitación. Si lo descubrió a él, ¿por qué no al oso?
-¿Qué pasa?- dijo ésta, que giró su silla para quedar justo
en frente de Colin.
El chico no lo pudo evitar y desvió la mirada al vientre de
Juliet. Qué ganas tenía de tener ya a su hija en sus brazos.
-Tengo una sorpresa- esbozó una de sus mayores sonrisas,
devolviendo la vista a los azules ojos de la chica.
-¿Qué es? ¿Dulces? Dime que me has traído chocolate. ¿O es
abstracto? Son buenas noticias, ¿verdad?- Juliet se impacientó, y él se rió de
su reacción. Le encantaba cuando se ponía así.
Lentamente, para inquietarla más de lo que ya estaba, fue
sacando el osito de peluche de detrás de su espalda. Juliet observaba
silenciosamente cada movimiento que hacía Colin, y cuando éste descubrió por
completo al peluche y lo sujetó con las dos manos delante de ella, analizó cada
detalle del osito. Él se lo tendió, y ella lo cogió sin la más mínima prisa.
Apoyó al peluche sobre su regazo y lo examinó. Era bastante blando, y tenía
pelo blanco muy suave. Con su dedo índice, repasó las letras rojas donde ponía
“Rosie”, mientras Colin contemplaba con una sonrisa las acciones que hacía
Juliet.
Entonces, ella levantó la cabeza y miró directamente a los
ojos de su novio. Él pudo ver que los ojos de la chica estaban húmedos, acuosos
y brillantes. ¿Iba a llorar? Esperaba que si lo iba a hacer, que fuera de
felicidad. Cuando una lágrima resbaló por su mejilla, se vio obligado a
preguntar. Si lloraba de alegría, ¿por qué no sonreía?
-¿Juliet?- Colin borró su sonrisa por completo y ella rompió
a llorar, escondiendo su cara entre las manos.
Rápidamente, se arrodilló en el suelo cerca de la chica,
apoyando las manos sobre sus piernas y buscando sus ojos con desesperación.
¿Por qué lloraba? Ella no era de las débiles, sino al contrario. Tenía un
carácter muy valiente y era una chica muy fuerte, nunca le había mostrado a
nadie su lado frágil. El chico se asustó, ya que nunca la había visto llorar y
hacerlo no era una de las cosas que más le agradaran. Por cada lágrima que
soltaba, el corazón del muchacho se partía en mil pedazos, y ya estaba
prácticamente hecho polvo. Tenía ganas de abrazarla y calmarla de cualquier
cosa por la que ella derramaba sus lágrimas, pero estando ella sentada en una
silla y él arrodillado, no encontraba la posición adecuada.
-Colin- dijo ésta, intentando controlar sus sollozos-.
Tenemos que hablar.
Un escalofrío recorrió las venas de Colin. Una sensación de
miedo le dejó congelado, sin ser capaz de poder responder a la situación. Esas
palabras durante una relación nunca eran buenas, y no tenían por qué serlo
ahora. ¿Pretendía cortar con él? ¿A esas alturas? ¿Cómo tenía tan poco corazón
de hacerlo justo en el momento en el que faltaban pocos días para que diera a
luz? ¿Pensaba dejar a su hija sin padre? Y él no solo se preocupó por el bebé;
los mejores momentos de su vida habían sido los que había pasado con ella. Si
todo eso terminaba ahí, él se vería incapaz de seguir su vida. No sin ella.
Juliet se levantó de la silla, aún ocultando su cara, y se
sentó en su cama, dejando al peluche justo a su lado. Colin la siguió y se sentó
a su derecha, totalmente alerta. Ella tenía la mirada gacha y con las dos
manos, se acarició el vientre, donde Rosie se alojaba. El chico observó sus
movimientos.
-Colin, yo…- dijo ella, al fin. Suspiró profundamente con los
ojos cerrados y los volvió a abrir para mirar a los de su novio- Yo… Tengo
miedo.
En la parte más profunda de su ser, la cual no aceptaría
nunca en su vida, Colin se alivió de que no fuera una ruptura. A pesar de ello,
le entró curiosidad sobre a qué tenía miedo la chica y enseguida se sintió
protector con ella, como si fuera el único que pudiera protegerla del mundo.
-Miedo… ¿a qué?- dijo él con voz tranquilizadora mientras
acariciaba la pierna de la chica.
-Miedo al parto.
Ahí fue cuando él sintió impotencia. Él podía ayudarla
perfectamente a otras cosas, pero en el parto no podía hacer nada para quitarle
el dolor y el sufrimiento.
-¿Y si hay complicaciones? ¡No sé si aguantaré bien el
dolor!- las lágrimas volvieron a caer de sus ojos- ¿Sabes que puedo morir si
hay complicaciones graves? ¡¿Lo sabes?! ¡Lo he leído!
-¡Juliet, Juliet!- Colin le cogió la cara con las manos-
¡Todo va a salir bien!, ¿vale? No vas a morir, ni lo pienses. Todas las mujeres
han pasado por ahí, tú no vas a ser menos.
-¡Pero compréndeme! Eso será demasiado para mi, demasiado
dolor y… ¿y si me desmayo? ¿Y si me desmayo y Rosie no puede salir bien? ¿Y si
me tienen que hacer una cesárea y…?
-Yo estaré junto a ti cuando pase, e intentaré ayudarte a
sobrellevar el dolor.
-¿Sobrellevar el dolor? ¿Qué piensas hacer? ¿Cantarme una
nana mientras yo estoy…?- paró de hablar. No quería ni imaginarse la escena-
¡Vamos, Colin! No digas estupideces.
Si por él fuera, se cambiarían los papeles y él cargaría con
todo el dolor y la presión. Pero desgraciadamente, era imposible.
-Prometo hacer todo lo que esté en mi mano. ¿Crees que a mi
me gusta que sufras de esa manera? Te ayudaré en lo que sea posible.
-¿Pero y si…? ¿Y si es prematuro?- se alteró- ¿Y si cuando
rompa aguas no estoy con mi padre y él no responde a mis gritos? ¿Y si no estoy
contigo cuando suceda?
-Eh, eh- Colin intentó tranquilizarla-. Yo voy a estar
contigo, ¿vale? Si es necesario, me quedaré aquí junto a ti hasta que llegue el
momento. Si a Alan no le importa, claro, pero creo que será comprensivo en
estos casos.
-¿Me lo prometes?- musitó ella.
-Te lo prometo- dijo antes de abrazarla-. Estaré contigo-
susurró en su oreja.
-Fabuloso. Simplemente, fabuloso- dijo Chelsea, intentando
sonar seria.
Ed dio una vuelta sobre sí mismo, sujetándose las puntas del
delantal como si fuera un vestido de gala de una princesa de cuento. Cosa que
hizo que Chelsea empezara a llorar de la risa.
El señor Harrison le había pedido a Ed que se pusiera un
delantal si no quería ensuciarse la ropa, pero éste se había negado unas cuatro
veces ya que el que éste le ofrecía era el de su mujer, de color rosa y con
corazoncitos diminutos esparcidos por todo el mandil. Chelsea había sido más
rápida y había cogido uno de rayas rojas, pero por más que Ed se lo pidiera,
ella se negaba a cambiárselo. No le vendría mal echarse unas risas.
-¡Al fin te lo pones, Ed!- Alan salió de la despensa con dos
bolsas de harina- Estás adorable- ese comentario hizo que la rubia casi se
tirara por el suelo de la gracia que le producía.
-Gracias, Alan. Esa era mi intención- dijo Edward con voz
afeminada.
-Pues podemos empezar… En cuanto Chelsea quiera- dijo Alan,
poniendo la harina sobre la encimera.
-Sí, sí- dijo ésta, aún riéndose. Se aclaró la garganta-.
Comencemos.
-Bien, primero hay que mezclar el azúcar, el huevo y la
mantequilla. Esperad, voy a por un bowl.
-¿Alguna vez has hecho galletas caseras?- preguntó Chelsea,
al mismo tiempo que se recogía el pelo en una coleta alta.
-La verdad es que no. Pero nunca es tarde, ¿no?- respondió
Ed.
-Sí, eso dicen.
-Vale, ya estoy- apareció el señor Harrison-. Toma, tú ve
mezclando ahí las cosas, Chelsea. Tú, Ed, pon aquí la harina y la sal.
-¿Harina y sal? Menuda mezcla.
-Tú calla, que él es el que sabe.
-En eso tienes razón.
Los dos amigos se pusieron a hacer lo que el padre de Juliet
les había mandado mientras él preparaba el horno. Chelsea y Alan mantenían una
conversación en la que Ed no participó porque estaba demasiado metido en sus
cosas. Se le ocurrió la idea de coger la bolsa de harina y tirársela a su amiga
encima para animar un poco la cosa, pero prefirió no hacerlo ya que ella
pediría venganza y acabarían los dos ensuciando por completo la cocina de una
casa que no era suya. Se puso en la piel de Alan, y no le gustaría que dos adolescentes
le pringaran la cocina de harina. Aunque claro, si solo le manchaba un poco la
cara a Chelsea, no iban a ensuciar nada…
Ed cogió un poco de harina con el dedo y se la untó a su
amiga en la mejilla derecha.
-¡Ah! ¿Qué haces?- gritó Chelsea.
-Decorando tu cara.
-¿Estás mal?- la chica recibió otro poco de harina en su
mejilla izquierda, pero esta vez no había sido Ed- ¿Señor Harrison?- rió. Ese
hombre aún tenía espíritu adolescente.
-Lo siento, ha sido Edward que me ha dado envidia- Ed y
Chelsea empezaron a carcajear.
-Pues ya veremos cómo termina la cosa.
La rubia cogió con su dedo índice un poco de la masa que hace
pocos minutos estaba mezclando. El doble de asquerosa que la harina.
-Uy, Ed. Te has manchado un poco la cara.
-Eh, vale, que haya paz- el moreno se retiró, extendiendo las
manos hacia ella, mostrándole sus palmas- ¿Qué hacemos ahora, señor Harrison?
-Edward, ¿te estás escondiendo de Chelsea detrás de mí?
-¿Yo? Tsé. Que esté detrás de usted y me esconda de Chelsea,
no significa que me esté escondiendo de Chelsea detrás de usted.
-Lo que acabas de decir no tiene ni pizca de lógica.
-Estaba siendo sarcástic… ¡Ah! Ven aquí, bruja. ¿Quieres
pelea?- Chelsea le volvió a poner un poco de masa en la cara y Ed, bromeando,
exageró las cosas más de lo que eran, haciendo que los dos restantes se echaran
a reír.
-¿Sabéis? Esto es más divertido que hacer galletas con mi
hija. Ella siempre dice que ya soy mayorcito para estas cosas.
-¿En serio? Ella no te valora- dijo Chelsea, cambiando su
alegre sonrisa por una triste y volviéndose a centrar en mezclar la masa-. No
sabe lo que gente como yo daríamos por simplemente tener un padre- hizo una
mueca.
Alan no sabía la historia del padre de Chelsea, así que miró
confusamente a Ed, quién le negó con la cabeza. No iba a hablarle del tema en
ese momento.
-Bueno, ahora hay que juntar la harina y la sal con la masa-
Alan rompió el hielo. La situación se había vuelto incómoda.
-¿Y después?
-Ponerlos en los moldes y al horno- explicó Alan.
-Entonces ya hemos terminado, prácticamente- dijo Chelsea.
-Efectivamente.
Siguieron las instrucciones del señor Harrison y al fin
metieron las galletas al horno. Para la espera decidieron sentarse un rato y se
dirigieron al comedor, donde se sentaron alrededor de la mesa mientras Alan
elogiaba el buen trabajo que habían hecho los chicos.
-¿Cómo es que huele tan bien?- interrumpió una voz femenina.
Juliet y Colin entraron en el salón, olisqueando el buen olor
de las galletas que parecía que ya se había difundido por toda la casa y se
sentaron junto a ellos.
-Hemos estado haciendo galletas- sonrió Ed.
-¿Galletas? ¿De qué?- dijo Colin.
-De galletas.
-Sin ningún sabor especial- zanjó Chelsea.
-Son mis preferidas- sonrió Juliet.
Alan se molestó un poco al ver que Colin la tenía cogido de
la mano, pero rápidamente intentó borrar ese pensamiento de su mente. Tenía que
acostumbrarse a ver esa imagen.
-Por cierto, Ed- dijo el Colin-. Bonito delantal.
-No había más, ¿vale?- la voz de Ed se camufló por las risas
de los presentes.
-Te creo, te creo- rió Colin, y un pitido repetitivo empezó a
sonar desde la cocina.
-Es el horno, ya están las galletas- dijo Alan, levantándose
de su asiento.
-Voy con usted- se ofreció el rubio. El señor Harrison se
quedó un poco serio, pero acabó asintiendo. Al fin y al cabo, era su nuero.
Alan y Colin fueron a la cocina en completo silencio. La
tensión aumentaba ahora que estaban los dos solos, y ninguno se atrevía a
hablar. Pero Colin había ido con él por un motivo, y quisiera o no tenía que
decírselo. Por Juliet.
El padre de la chica se puso los guantes de cocina para no
quemarse y abrió el horno para sacar la bandeja en la cual las galletas se habían
horneado. El delicioso olor de dulce casero llegó a la nariz de Colin.
-Eh… señor Harrison- le llamó el chico.
-Dime, Adams- respondió éste, poniendo las galletas en un
plato.
-Me gustaría decirle una cosa.
-Adelante- dijo, sin mirarle a los ojos.
-Verá, es que…- no se había preparado las palabras exactas, e
improvisar no se le daba demasiado bien- He estado hablando con Juliet y…
Bueno, sé que a usted no le hago mucha gracia pero ella me ha pedido que me
quede aquí. Juliet tiene miedo al día que de a luz y se preocupa de que yo no
esté con ella en el momento en el que suceda, y me preguntaba si a usted le
importaría mucho que yo me quedara algunos días aquí para cuidar de ella, al
menos hasta que Rosie venga al mundo. Sé que es mucho pedir, pero ese es uno de
los pocos miedos que ella tiene a todo esto y yo soy capaz de quitarle. Podrá
comprender que al dolor físico no le puedo hacer nada.
En el fondo, Colin sabía que el señor Harrison sería
comprensivo y al menos no dejaría que su hija pasara miedo si aquello estaba en
sus manos. Pero el silencio de Alan hizo que Colin se replanteara la decisión
que el hombre iba a tomar.
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El capítulo seis terminado. Es el más largo de todos los que llevo, espero no se haga pesado.
Por cierto, si hay nuevas lectoras o gente que me quiere agregar al tuenti, aviso de que hay dos Amber Fletcher. YO ERA LA PRIMERA FUE ELLA LA QUE VINO DESPUÉS AJSNJKASD nah, me da igual que se llame así ella. El caso, para diferenciar, yo soy la que pone que es de Madrid, ¿vale? Gracias por leer *-*
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El capítulo seis terminado. Es el más largo de todos los que llevo, espero no se haga pesado.
Por cierto, si hay nuevas lectoras o gente que me quiere agregar al tuenti, aviso de que hay dos Amber Fletcher. YO ERA LA PRIMERA FUE ELLA LA QUE VINO DESPUÉS AJSNJKASD nah, me da igual que se llame así ella. El caso, para diferenciar, yo soy la que pone que es de Madrid, ¿vale? Gracias por leer *-*