domingo, 6 de enero de 2013

Capítulo 10. (Maratón navideño)


-¿Cómo? ¿Qué haces tú aquí?

Tanto Liam como Edward y Chelsea estaban en desconcierto por lo que pasaba. Liam se preguntaba qué hacían ellos en casa de su prima segunda. Se supone que solo habían quedado la familia, pero, ¿y si ellos eran de su familia de Londres y no lo sabía? Significaría que había conocido a sus primos lejanos sin saber que lo eran.
Edward y Chelsea no se acababan de creer que fuera Liam el que estuviera ahí, hasta llegaron a pensar que eran alucinaciones suyas, pero ahí estaba.

-Yo he venido a visitar a mi familia.
-Y nosotros a visitar a nuestros amigos y a su hija- Chelsea le mostró la bolsa donde llevaban el unicornio de peluche envuelto.
-¿Estáis seguros de que es aquí? Se supone que era una reunión familiar.
-Pero para Colin nosotros somos como de la familia- sonrió Chelsea-. Nos invitaron a venir.
-Si hasta le hemos comprado un regalo a Rosie, mira- Ed le indicó a Liam la bolsa que tenía en su mano y que llevaba el regalo de Rosie en su interior.
-Entonces pasad, supongo.

Liam se retiró de la puerta para que los dos chicos pudieran pasar.

-¿Ha llegado ya mucha gente?- preguntó la rubia al pasar al lado del chico.
-Pues no sé, acababa de venir. Iba a cerrar la puerta cuando…
-…Te gritamos que no la cerraras, sí- rieron los dos amigos.

Los chicos entraron en la casa y se dirigieron hacia el interior; ellos ya se conocían más o menos las habitaciones que allí había. Sin embargo, para Liam era la primera vez que estaba allí, y por una parte se alegró de que ellos estuvieran ahí para guiarlo; era más fiable eso que guiarse por las voces que su familia hacía y su tía segunda le había avisado de que fuera al salón, que él no sabía dónde estaba.
Mientras caminaban por la casa, Liam empezó a atar cabos. La última vez que se vieron en la cafetería del hospital ellos le dijeron que se encontraban allí para acompañar a su mejor amigo y su novia, que iban a ser padres, y ahora estaban en la casa de su prima segunda. Luego estaba la excusa de que supuestamente la familia de Liam había sido convocada para dar una gran noticia, o al menos eso le dijo su madre. ¿Sería esa? ¿Que su prima segunda había sido madre con diecinueve años? Seguro que era eso porque a él no le sonaba ninguna otra Rosie. Y encima el padre era el mejor amigo de la chica con la que se sentó en la montaña rusa de la feria.
Tanta casualidad le empezó a dar un poco de miedo.

-Y… ¿qué le habéis comprado?- preguntó Liam.
-Lo vas a ver enseguida

Ed cogió el pomo de una puerta y la abrió. Al otro lado de ella, Liam pudo ver un montón de gente en movimiento, y todos eran de su familia. Los más mayores traían de la cocina desde tazas vacías hasta pastas recién hechas que inundaban la habitación con su olor y las ponían en una mesita de té mientras alrededor de ella, otros familiares se sentaban en grandes sofás. Un pequeño grupo de personas se encontraban en uno de ellos haciendo una especie de corro, lo que le impidió ver quién se sentaba en esa zona. Cuando una señora se movió porque alguien la reclamaba, pudo ver a una chica de su edad aproximadamente que sostenía un bebé en sus brazos. Cuando sus miradas contactaron, no dudó en saludarles.

-¡Chicos!- exclamó Juliet al verlos.

Ella se levantó del sofá y le cedió a Colin su hija, quien estaba sentado a su lado, y la cogió en brazos. Casi por arte de magia tres señoras cambiaron de posición y se acercaron a él para hacerle mimitos al bebé, ya que lo estaban haciendo antes cuando Juliet lo tenía entre sus brazos. Ésta se acercó a la puerta y recibió a los tres, dándoles un intenso abrazo a sus dos amigos. Cuando lo hizo con estos dos y pasaron al salón para saludar a Colin, Liam y Juliet se quedaron solos en la puerta.

-¿Tú eras…? Me suena tu cara, pero no caigo- Juliet puso la mano sobre su cintura, dudando.
-Liam, soy Liam. Tu primo segundo. Solíamos jugar de pequeños cuando te pasabas por Wolverhampton.
-¡Liam! Sí, ya recuerdo me acuerdo de quién eras. Yo soy Juliet, no sé si te acordarás.
-Ahora que te veo, sí- se abrazaron-. Y enhorabuena por el bebé.
-Gracias- sonrió-. Creo que estamos todos, erais los últimos que quedaban por venir, así que…- cambió de tema- En cinco minutos sacaremos el té. Coge asiento, ésta es tu casa.

Juliet invitó a su primo a pasar y éste empezó a saludar al resto de su familia. Ella volvió al lado de Colin y se sentó con él en el sitio que había desocupado minutos antes.

-¿Quién es mi bebé preferida? ¡Tú! Tú eres mi bebé preferida- Tía Marga empezó a hacerle cosquillas a Juliet en la tripa, pero ésta apenas reaccionaba
-Es preciosa, ¿verdad?- una señora, supuesta familiar de Juliet, dijo con ternura al mirar a los grandes ojos de la niña.
-Pues como la madre- Colin aprovechó la ocasión para mandarle una indirecta a Juliet. Ella le dio un corto beso mientras se reía tiernamente.

Chelsea se sentó al lado de Colin y puso la bolsa que contenía el regalo que le habían comprado Ed y ella sobre su regazo.

-Nos pareció bien eso de traerle un regalito a Rosie así que antes de venir nos hemos pasado por una tienda para comprarle esto- Edward junto a tía Marga observaban de pie cómo la rubia sacaba de su bolsa el unicornio envuelto y se lo ofrecía a la pareja para que lo desenvolvieran.
-¡No hacía falta que os molestarais!- Colin les reprochó que les hubieran hecho un detalle- Incluso Juliet se lo dijo hoy a su familia de Wolverhampton en cuanto entraron a esta casa para que no se tomaran la molestia de comprar nada.
-¿Encima que hemos ido ahora quieres que lo devolvamos?
-Ya que está, se queda aquí- Colin se negó a que se lo llevaran y soltó una alegre carcajada junto con su novia.
-No sé si fiarme de vosotros- rió Juliet cuando Chelsea le entregó el regalo.

Empezó a despegar los trozos de celo del papel de regalo mientras, poco a poco y sin darse cuenta, casi toda la familia estaba alrededor de ella esperando a que lo abriera, incluyendo así a Liam, que estaba un poco desorientado.
Para Chelsea y Ed fue un poco incómodo; quizá su familia esperaba que ellos le regalaran una trona de bebé, un biberón, ropa para Rosie o algo que en realidad fuera útil, y no sabrían qué dirían cuando Juliet lo desenvolviera y se encontrara con un unicornio de peluche. Al menos tenían por seguro que ser un unicornio no significaba nada para ellos, quizá solo los cuatro amigos lo entendieran.

-¡Un unicornio!- exclamó Juliet- Y encima es muy suave- lo acarició.

Sostuvo al peluche entre sus manos y le dio la vuelta para que el resto de su familia lo pudiera ver. Éstos reaccionaron bien, para alivio de Chelsea y Ed. Aunque, ¿de qué otra manera podrían reaccionar si no?

-Apuesto a que no tardasteis mucho en elegiros cuando lo visteis.

El rubio lo adivinó. No lo podía evitar, los conocía demasiado bien. Soltó una carcajada al ver la cara de resignación que pusieron sus dos amigos al oír aquello; les era difícil impresionar a Colin porque, desgraciadamente, eran bastante predecibles, al menos con estos temas. Aún así, a la pareja le encantó el regalo para su hija. Les dieron las gracias a Ed y a Chels con un abrazo mientras que la madre de Juliet, sin que ésta se enterara, retiró el peluche y los papeles donde venía envuelto para proceder al fin a tomarse el té que había preparado o se enfriaría, cosa que no quería que pasara otra vez esa misma tarde.

-Dejo aquí las bolsitas de té, coged el sabor que queráis- Alan, el padre de Juliet, colocó una caja de madera tallada que contenía un montón de estas bolsitas en el único hueco que quedaba libre de la mesita.

Todos los que antes estaban de pie se sentaron alrededor de la mesita sobre los sofás que la rodeaban. Chelsea y Ed se sentaron al lado de Juliet y Colin, quedando así la rubia con el pico de la mesita como su parte correspondiente de ésta. Liam se sentó en el sofá que se encontraba a la izquierda del que ellos estaban sentados, sitio que cogió estratégicamente para poder hablar con los chicos. Todavía tenía bastantes dudas.

Los adultos se hallaban sentados en los divanes del salón tomando su té y comiendo pastas que con antelación Alan había preparado mientras conversaba cada uno con quien quería, dividiéndose así en varios temas de conversación concentrados y debatidos en la misma habitación.
Los adolescentes, a pesar de estar sentados junto a los adultos, hablaban entre ellos abiertamente o se centraban en mandar mensajes con sus móviles.
Los niños jugaban a juegos de mesa en la salita y algunos hasta se atrevieron a salir al jardín a jugar al fútbol a pesar de hacer frío, claro que en movimiento se hacía soportable e incluso se llegaba a no sentirse.
Luego estaban los amigos del padre de la razón por la que estaban reunidos, que no encajaban en ninguna de las conversaciones que se mantenían en la zona en la que se encontraban y Liam, que su presencia les mantenía entretenidos aunque, al menos para el moreno, no por mucho tiempo; ya llevaban un buen rato hablando con él y a Ed le estaba entrando envidia de los niños que jugaban al fútbol. Sin embargo, a Chelsea se le estaba haciendo una tarde agradable.

-¿Y qué parentesco con Juliet decías que tenías?
-Primo segundo- respondió después de darle un trago a su taza-. Hacía mucho que no la veía, hace tiempo que no se pasa por Wolverhampton y yo no me acordaba de que tenía familia en Londres. Además, estoy muy atareado siempre…
-Así que, ¿sois de Wolverhampton todos? ¿Tú también?
-Sí, pero se podría decir que Juliet es oficialmente londinense. Siempre ha vivido aquí.
-Una cosa, si eres de Wolverhampton… ¿Por qué te hemos visto aquí tantas veces? Quiero decir, ¿te has mudado tú también?- dudó Ed.
-Por cuestiones de trabajo- respondió. Cada vez estaba más seguro de que no sabían que él formaba parte de One Direction-. Vosotros sois de aquí, supongo.
-Sí, hemos crecido aquí- asintió Chelsea.
-¿Tienes trabajo?- aparentemente, esa fue con la única información con la que Edward se quedó- Creí que estudiabas.
-Qué va, no estudio. Al menos por ahora. ¿Vosotros sí?
-Yo quiero meterme en la universidad de arte, pero por ahora no puedo permitírmelo así que vivo de mi madre.
-Se supone que yo trabajo en una cafetería, pero no es fijo. Todavía estoy buscando el adecuado. Mientras tanto, voy pillando el que sea- se levantó del sofá y salió del círculo que los sofás formaban-. Y lo siento, pero me voy a jugar al fútbol con los niños.
-¡Ed!- Chelsea le llamó, pero él acababa de cerrar la puerta del salón y desaparecer. Ella empezó a reír.
-¿Siempre es así?- preguntó Liam con una sonrisa en la boca. El carácter de ese chico le parecía bastante divertido y, por supuesto, original y no pudo evitar hacerlo.
-Sí- pronunció y se levantó del sofá, dispuesta a irse con él-. ¿Vienes?
-Voy- rió Liam.
-Colin, Juliet- les llamó la rubia-, vamos a ir fuera a jugar al fútbol, ¿va?
-¿En serio?- Juliet carcajeó- Idea de Ed, ¿me equivoco?
-Exactamente. Sé que no porque vais a estar con la familia, pero si os atrevéis a salir, podemos echar un partido- Chelsea controló su tono de voz para que sus amigos supieran perfectamente que les estaba retando.

Dicho esto, los dos chicos salieron de la habitación en busca de Ed, que se encontraba en el jardín trasero con los familiares de menor edad de su amiga Juliet. Como ya se esperaban, o al menos Chelsea ya que le conocía mejor, él estaba con el balón debajo del brazo mientras acordaba con los niños cómo irían los equipos. Ed se llevaba muy bien con los niños por la teoría de Chelsea, y obviamente rebatida de mala manera por parte de Edward, de que tiene la misma mentalidad que ellos.
Se alegraron de llegar a tiempo para poder formar parte del juego.
Liam aceptó a jugar con ellos desde un principio. ¿Qué importaba? Sabía que así sería más probable divertirse que tomando un té.

-¡Nosotros también jugamos!- avisó Liam, acercándose junto a Chels a Ed y a los jugadores.
-Ahá, veo que os he dado envidia al final- se dio la vuelta al oír las voces de sus amigos y, con el balón aún bajo el brazo, asintió. En su expresión se podía leer un perfecto “Sabía que pasaría”- Os dije que lo harían- con una mano hizo de escudo para que solo los niños pudieran oírle, aunque no fue así.
-No te hagas el interesante y juguemos ya- Chelsea soltó una risotada y se quitó la cuerda que sostenía la cámara de su cuello-. Voy a dejar esto.
-Va…- empezó Liam, pero no pudo terminar la frase porque recibió un flash en los ojos.


Todavía hay capítulo después de la foto.



-Muy guapo, sí.

Chelsea sonrió al ver la cara que había puesto Liam y corrió a dejar su cámara lejos de donde se encontraban, prácticamente pegada a la pared de la parte trasera de la casa de Juliet. No le gustaría que se la rompieran con el balón, era un objeto que apreciaba demasiado como para eso.

-Bien, pues yo ya tenía mi equipo hecho cuando habíais venido, así que vosotros iros al otro. Necesitan mayores, si no tendría ventaja mi equipo.
-¡Pero Ed! ¡Ellos tienen ventaja porque tienen a dos mayores y nosotros solo uno! No es justo- un niño del equipo de Ed se indignó.
-Pero yo soy bueno en esto, créeme que no los dejaré ganar.
-Ya puedes empezar a rezar- aconsejó Chelsea a aquel niño. Liam rió por aquel comentario.

El moreno, ignorando el comentario, cogió el balón, esta vez con las dos manos, y lo posó sobre la hierba, haciendo así que todos se pusieran en sus posiciones porque dio a entender que el juego iba a empezar. Al comprobar que todos estaban atentos a él, le dio una patada al balón y el partido empezó.

-¡Pásala, Mike!- gritó un chico del equipo de Chels y Liam.

La rubia decidió correr hacia la portería del equipo contrario ya que el suyo llevaba el balón y no había nadie de su equipo allí por si tenían que pasarle para marcar. Pero al parecer, Liam y ella habían pensado en lo mismo; los dos corrieron hacia la misma zona.

-¡Aquí, Mike!- gritó Chelsea. En realidad no sabía quién era, pero como el otro chico lo había gritado, hizo lo mismo. Ella solo quería el balón.

El chico que tenía el balón, y al parecer se llamaba Mike, le dio una patada a éste en dirección a Chelsea para que ella pudiera marcar, pero Ed apareció, pegó un salto y se quedó él con la posesión del balón.

-Os dije que íbamos a machacaros- le dijo a la rubia con suficiencia.
-No cantes victoria, que el partido aún no ha empezado de verdad- intervino Liam, que corría hacia Ed para quitarle el balón.

Él fue rápido y se lo pasó a un compañero, pero un jugador del otro equipo se puso por delante y lo paró con el pecho haciendo que cayera el suelo y lo manejó con los pies para acercarse otra vez a la portería. Con un chute se lo pasó a Liam y él tiró a portería, no muy fuerte para que el portero no se hiciera daño pero de la manera en la que acabó marcando gol.

-Así que machacarnos, ¿eh? Ya veo.
-Calla, rubia- dijo Ed, entre risas.


El partido continuó cuantioso tiempo después. No había persona que estara dentro de ese partido y se aburriera, era bastante entretenido ya que los dos equipos tenían un nivel considerable, por lo tanto, estaba reñido.
A Liam le sorprendió ver que Chelsea tenía ese nivel jugando al fútbol porque la mayoría de chicas que él había conocido no eran precisamente buenas jugando a ese deporte o simplemente pasaban, pero Chelsea había crecido con Colin y Ed, dos aficionados al fútbol, y ella siempre se había animado a jugar con ellos cuando salían por las tardes para jugar con el viejo balón de Colin, el cual aún conservaba.
Cuando Ed le juró a aquel niño pequeño que él era muy bueno en ese deporte, Chelsea sabía que lo decía en serio. Él podría dedicarse perfectamente al fútbol profesional ya que se le daba genial y de pequeño jugaba en partidos importantes de gente de su edad de Londres, y actualmente seguía jugando, pero no en un equipo oficial. Era un completo apasionado del fútbol pero tampoco quería dedicarse a ello, así que solía rechazar cada vez que le ofrecían jugar en serio.
Si por alguna razón el equipo de Chelsea y Liam ganaba, ella sabría que sería porque Ed no había querido darlo todo porque solo era un amistoso jugado con niños y no quería chutar fuerte el balón por si hacía daño a alguno.
Para Liam fue una reunión familiar de lo más divertida, o eso pensaba hasta que se dio cuenta de que con la gente con la que estaba jugando no era su familia. Y si lo era, tenía que ser tan lejana que apenas tenía la misma sangre.

-¡Liam! ¡Pásala!

Chelsea le gritó a Liam que le pasara el balón al ver que éste estaba acorralado entre dos de niños del bando contrario que daban pisotones por recuperar el balón. Levantó la mirada del balón mientras los contrincantes seguían a lo suyo, dando patadas, y buscó a Chelsea. Una vez la localizó, se preparó para pasarle el balón. Ya que ella estaba al lado izquierdo del capo y los niños justo estaban en esa dirección, se vio obligado a retroceder un poco con el balón, con cuidado de no salirse del campo, y aprovechó para esquivarlos. Cuando se vio libre chutó el balón hacia Chelsea y, aunque el camino de la trayectoria de este estuviera vacío, le dio altura por si alguien aparecía a quitárselo.
Pero fue un poco más alto de lo que debería.
Si Chelsea hubiera saltado aunque fuera un poco, podría haberle dado al balón, pero no lo hizo.
Y la pelota chocó contra la pared.
Justo encima de la cámara de fotos de Chelsea.
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Y estos han sido mis regalos de Reyes Magos a mis lectoras.
¡Gracias por estar ahí desde que empecé la novela y a las que se van uniendo también!
Por favor, comentad aquí o en mi Tuenti.
Att: Amber Fletcher

Capítulo 9. (Maratón navideño)


-¿Te acuerdas de Liam?

Edward se levantó de su silla y le dio unas palmaditas en el hombro al castaño, como si se conocieran ya de toda la vida. Se fue a buscar una silla para que los tres pudieran sentarse cómodamente alrededor de la mesa, sin darse cuenta de que había dejado solos a dos chicos tímidos y cortados, mirándose el uno al otro.
Liam se había hecho a la idea de que iba a volver a verla y se había decidido a pasar de todo lo que pasó la primera vez que se encontraron y empezar de cero. Él miraba a Chelsea porque se sentía un poco incómodo y observado al apartar la mirada y notar que ella mantenía su vista fija en él, pero Chelsea más bien se quedó en una especie de shock. Fue el simple hecho de mirarle a los ojos y acordarse de la escena en la que despertó de su desmayo, desviar la mirada a su cuello y venir a su mente el momento en el que se agarró desesperadamente a él. Él en general le recordaba a lo que quería olvidar. Sin embargo, a los ojos de la rubia él parecía totalmente tranquilo y se sintió un poco ridícula.
Cogió aire y se centró en el pensamiento de que exagerar las cosas no ayudaba nada. Ya lo tenía superado, tampoco era un trauma tan grande como para ponerse a llorar al ver a Liam porque su rostro le recordaba a ese momento.

-Liam- Chelsea se levantó de su taburete y le dio un corto abrazo al chico-. Soy Chelsea, creo que no te dije mi nombre la última vez que… bueno.
-No, no me lo dijiste. Y me alegro de que lo hayas hecho, sería raro que tú supieras el mío y yo no.

Los dos rieron de una manera en la que no les parecía incómodo, pero sí raro.

-He encontrado un taburete libre, ya te puedes sentar- Ed colocó un taburete detrás de Liam para que se pudiera sentar-. Me ha costado lo suyo, pero al fin lo tengo.

Liam se lo agradeció a Edward y los tres volvieron a sentarse. Justo al hacerlo se dio cuenta de que en la mesa había una cámara de fotos profesional y que era de Chelsea, ya que estaba justo a su lado. No sabía que era una de esas chicas que hacía fotografía profesional y que llevaba la cámara a todos lados, aunque esto último lo intuyó porque, ¿quién se llevaría una cámara a un hospital? Para decir verdad, Liam no sabía nada de ella nada más que su nombre y que tenía miedo a las alturas.

-No me esperaba encontraros por aquí, la verdad- se sinceró Liam.
-¿Verdad? Dicen que el mundo es un pañuelo- asintió Chelsea, que a pesar de estar hablando con Liam, no se cortó y siguió comiendo su brownie. ¿Y esperar a que se le enfriara? Ni hablar.
-Y nosotros somos los m… ¡Joder! ¡Eso ha dolido, Ch…! Digo, sí, es un pañuelo- Liam rió por el espectáculo.
-Si te soy sincero, no me acordaba mucho de ti, Rachel.

Chelsea se quedó en desconcierto cuando Liam pronunció esas palabras.
¿Rachel? No, ella se llamaba Chelsea si mal no creía recordar. Algo que le sorprendió fue que fuera Edward el que respondiera al nombre de Rachel.

-Es normal que de mí no- carcajeó Ed, más por el hecho de que se hubiera dirigido a él como Rachel, como él mismo le había recomendado, que por el tema de conversación-. Pero apuesto a que de Chelsea no te has olvidado. Y, sé que te dije que me podías llamar Rachel, pero te agradecería que lo hicieras de alguna otra manera que no sea un nombre de mujer, gracias- los dos chicos rieron. Chelsea se limitó a sonreír ya que no entendía de qué iba la cosa.
-Créeme, lo he intentado- cabeceó-. ¡Oh! Chelsea, no… no me refería a eso- rectificó en cuanto se dio cuenta de lo que había dicho, aunque la rubia ni siquiera había reaccionado de ninguna manera. No le había dado tiempo-. No olvidarme de ti, si no de la situación.
-Tranquilo, tranquilo- rió imperceptiblemente-. Sé a lo que te refieres, a mi me pasa igual- sonrió, transmitiéndole calma.
-Bueno, y… ¿qué hacéis aquí vosotros?- preguntó Liam.
-Oh, verás- empezó Ed-. Es que un amigo nuestro va a ser padre, ya sabes. Hemos venido para acompañarlos, para que sepan que estamos aquí. La verdad es que no es solo un amigo, es nuestro mejor amigo.
-¿Te acuerdas del chico rubio que estaba con nosotros la primera vez que nos encontramos?- dijo Chelsea- Pues es él. Colin Adams.
-Ah, ¿es él? Me pareció más joven cuando le vi.
-Tiene nuestra edad.
-¿Sí? Vaya, como me dijisteis que iba a ser padre…
-Y lo va a ser, pero están muy contentos. Su novia y él, claro. No es el típico caso en el que el chico deja a la chica preñada y huye de la situación- Chelsea escupió las palabras, apretando los puños por debajo de la mesa. Liam se sintió un poco incómodo y Edward la miró con preocupación. Decidió que cambiar de tema era lo mejor para todos.
-¿Y tú por qué estás aquí?- le dio unas palmaditas en la pierna a su amiga.
-Vine a hacerme unas resonancias. Es una larga historia- con un gesto, le quitó importancia. Había contado esa historia tantas veces que ya le daba un poco de palo, además no quería que se repitiera la misma escena de siempre donde ellos se compadecen de él. Antes, ese era un tema más privado para él, pero desde que está en One Direction es más público, como su persona en general.
-Por nosotros no te preocupes, seguro que nos quedamos para rato aquí- dijo Chelsea desinteresadamente, aunque en su interior tenía curiosidad.
-Hola chicos, siento interrumpir.

Karen apareció y salvó a su hijo de dar una explicación sobre un tema del que no estaba muy dispuesto a hablar.

-Liam, en cinco minutos tenemos que ir al despacho del doctor Cardew.
-Vale- contestó a su madre-. Lo siento chicos, sé que apenas hemos hablado pero debo irme ya- dijo mientras se levantaba.
-Lo lamento, chicos- deploró Karen.
-Si quieres, podemos intercambiar números y hablar luego y más despacio- propuso Ed.
-Me parece bien- asintió Liam, sonriendo.


Cuatro días más tarde…


-¿Y una muñeca?
-Sí, y que se coma los accesorios.
-¿Y un osito?
-Ya te dije que tiene el que le compró Colin en la feria.
-Definitivamente, eres difícil de contentar.
-Y eso que el regalo no es para mí- rió Chelsea-. Sujeta esto.
-¿Tu cámara?
-Sí, se me han desatado las zapatillas.

Ed y ella habían ido a una de las pocas tiendas esparcidas por únicamente Londres de la famosa cadena de juguetes Hamley. Esa tarde, Juliet les había invitado a su casa para tomar un té y disfrutar de las ricas pastas que su padre hacía con el motivo de visita a Rosie y a sus padres.
Ellos no serían los únicos en ir; toda la familia de Juliet estaba citada. Colin se abstuvo a que sus familiares fueran, prefiriendo así celebrar otro día una reunión parecida pero con solo su parentela porque los dos procedían de familias numerosas y sabía que no cabrían todos en el salón de la chica.
A Chelsea y a Edward les pareció buena idea llevar algún detalle para Rosie, así que fueron a aquella tienda para ver lo que sería más adecuado para un bebé recién nacido.

-Rubia, ¿tú sabes por dónde se iba a la puerta? Porque me he perdido.
-Normal, esto es demasiado grande- dijo al terminar de atar sus cordones en forma de lazo. Al levantar la vista de su zapatilla, vio algo que podría ser válido-. ¡Mira! Hello Kitty. A las niñas les gusta Hello Kitty- sonrió al encontrar al fin algo que podría gustarle a Rosie. Se acercó al estante donde vio su objetivo.
-Y a las adolescentes asiáticas también- revolvió su pelo con una mano-. ¿No crees que sería muy bruto regalarle a alguien un peluche que sea tres veces más grande que él? Literalmente.
-Pero no me dirás que no es mono.
-Fíjate en peluches que le quepan en la cuna, por favor.

Chelsea siguió mirando muñecos, pero de la misma zona en la que se encontraba y sin cambiar de posición, cosa que aprovechó Edward ya que tenía la cámara de la chica en su posesión.


Todavía hay capítulo después de la foto.



Sonrió al guardar la cámara, pensando en la cara que pondría cuando viera esa foto y supiera al instante que la había echado él.

-¡Oh! Me he enamorado.
-¿Eh?- la chica miró a su amigo.
-Un peluche de unicornio.
-¿Dónde?
-Aquí, mira- dijo con voz emocionada.

Ed se dirigió al peluche y lo cogió entre sus manos, se dio la vuelta y se lo mostró a la rubia.
Era un unicornio blanco y de textura muy suave. El cuerno, los ojos y la nariz cambiaban de color pero no de material, lo cual daba muchos puntos ya que Rosie no podría hacerse daño con él. El pelo que tenía estaba alborotado pero, al no ser muy largo, no se enredaba y seguía siendo agradable al tacto. A parte, estaba la tontería de que era un unicornio, así que tenía todas las papeletas para que se lo llevaran.

-Del tamaño perfecto y todo.
-¿Cuánto cuesta?
-Pues…

El moreno le dio mil y una vueltas al peluche, buscando la etiqueta que indicara el precio que costaba aquello. Como siempre, lo hizo sin éxito.

-Ed…
-Espera, tiene que estar aquí- le dio una vuelta más, sin rendirse.
-Ed, es que est…
-Seguro que está en la pata- la cortó.
-¡Ed! ¡Que lo pone en el papelito que está pegado a la balda!

El chico paró al peluche para alivio de Chelsea, ya que empezaba a marearle verle hacer eso, y miró a la balda donde él mismo había cogido el unicornio.
Y, efectivamente, ahí ponía el precio.

-Ah, ¿y me lo dices ahora?- entrecerró los ojos.
-Pero si...- Chelsea bufó y provocó la risa de Ed- Bien, no se sale de nuestro presupuesto.
-Pues salgamos ya de aquí. Tenemos…- el moreno miró su reloj de muñeca- Media hora para llegar a casa de Juliet.
-Está demasiado lejos- hinchó sus mofletes.
-No creo que lleguemos si vamos a pie- se apenó.

Hubo un pequeño silencio en el que Chelsea y Ed se miraron mutuamente a los ojos, pero solo una mirada bastó para que los dos amigos se entendieran y salieran corriendo cual correcaminos de aquel pasillo.

-¿Dónde está la caja?- preguntó Chelsea mientras corrían.
-¡En la primera planta!
-Bajemos por las escaleras, es más rápido.
-De acuerdo.

Y así, corriendo y dejándose el aliento a cada paso, llegaron a la cola para pagar. Y no es que fuera precisamente pequeña.

-Pues perfecto- la rubia se cruzó de brazos, aún jadeando.
-¿Y si nos colamos? Ponemos alguna excusa y…- propuso Ed.
-¡Aquí no se cuela ni Dios!- una mujer rechoncha que estaba delante de ellos en la fila se dio la vuelta y cortó a Edward, levantando su dedo índice y haciendo que éste se asustara.
-Vale, mejor esperamos- le susurró a su amiga cuando la señora volvió a mirar al frente. Chelsea no pudo evitar reír.


* * *


-¡Ya va!- una voz de dentro de la casa avisó a la familia Payne de que les abrirían la puerta enseguida.

Ese día Liam había quedado con toda su familia en casa de su prima segunda, que, aparentemente, se alojaba en Londres. Según sus padres, cuando él era pequeño la prima de su madre, Sarah, se mudó a la gran ciudad para empezar una nueva vida con su marido. A pesar de eso, ella solía ir a Wolverhampton cada fin de semana para visitar a su familia, así que cuando su prima segunda nació tuvo la oportunidad de conocerla e incluso tiene fotos donde aparecían jugando juntos con otros niños de la familia. A medida que pasaba el tiempo dejaban de pasar tanto por aquella ciudad hasta que llegó el punto en el que hacía muchos años que no se veían, solamente por ocasiones especiales. Ahora la familia de Sarah había organizado una quedada para reencontrarse con el parentesco residente en Wolverhampton, y Liam no quería faltar.

-¡Hola!

La puerta de la casa se abrió, mostrando a una mujer adulta y sonriente. Sus ojos eran azules y destellantes, casi cubiertos por el flequillo de su largo pelo castaño. Liam supuso que aquella sería la prima de su madre, cosa que confirmó al ver que ellas eran las que se abrazaban primero.

-¿Cómo estás?- preguntó Karen, aún abrazándola- Cuánto tiempo.
-Ya os echaba de menos, me alegra que hayáis venido- dijo Sarah con voz dulce-. ¡Ruth! ¡Nicola! Cómo habéis crecido, estáis hechas unas mujeres ya- abrió sus brazos y envolvió a sus hermanas, saludando más tarde a su padre, y por último, a él-. ¡Liam! No sé si te acordarás de mí, eras muy pequeño la última vez que nos vimos.
-Algún vago recuerdo sí que me queda- le abrazó.
-Entonces tendrás que acordarte de mi hija, pasabas más tiempo con ella y con tus demás primos.
-Pues de eso es de lo que me acuerdo menos.
-¿Sí? Vaya- rió.
-¿Dónde tienes las tazas, Sarah?- reconoció la voz de su madre, que le preguntaba desde el interior de la casa.
-¡Ya voy yo! Anda Liam, cariño, pasa y cierra tú la puerta, que me reclaman.
-Claro- sonrió.
-¡Ahora ve al salón, que están todos ahí!- dijo antes de entrar por una puerta y desaparecer.

Liam pasó a la casa y contempló el interior.
Desde el hall ya se oía el sonido de la familia hablando entre ella que venía del salón. Tenía que haber venido mucha gente si se iban a reunir todos los familiares de Wolverhampton que tocaban la sangre de Sarah y luego sumarle la familia de su marido, que le habían dicho que también iba a venir.
Giró sobre sus pies y cogió el pomo para cerrar la puerta.

-¡¡No cierres!! ¡¡Espera!!- antes de poder cerrarla oyó unas voces que procedían de fuera y que le pedían a gritos, literalmente, que dejara la puerta abierta.

Liam se asomó y divisó a dos chicos corriendo hacia él, aunque estaban demasiado lejos como para reconocerlos.
Seguro que será algún sobrino de Sarah- pensó.
Haciendo caso a lo que le pedían, dejó la puerta abierta y se volvió a meter dentro de la casa. No quería quedarse mirando cómo venían corriendo ya que no sabía si los conocía y se sentiría un poco incómodo. Prefirió esperar a que vinieran antes de irse al salón con el resto de la familia, más bien porque le habían visto y no quería parecer maleducado con ellos.
¿Y si algún familiar de Sarah era fan suyo? Bueno, no le costaría nada pasar una tarde con un fan, aunque eso cambiaría bastante su plan de té familiar.
Oyó el sonido de los dos chicos corriendo hacia él acompañado de risas más nítidamente, así que se preparó para saludar a quien quiera que fuera porque lo más probable era que no los conociera.

-¡Lo siento, llegamos tard…!- gritó una voz de chica jadeante, pero antes de terminar la oración, se calló.

Los dos chicos frenaron en seco en cuanto vieron que era Liam quien les esperaba en la puerta. Y él tampoco se quedó atrás.

-¿Chelsea? ¿Ed? ¿Qué hacéis aquí?
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¿Estáis disfrutando del maratón de Navidad?
¡Comentad vuestra opinión! :)
Att: Amber Fletcher

Capítulo 8. (Maratón navideño)


-Yo tomaré… un café. Y que sea con leche.
-Yo un zumo de naranja, por favor.
-Enseguida- la muchacha apuntó los pedidos y se fue detrás de la barra a prepararlos.

Liam suspiró bajo la sobreprotectora mirada de su madre. Cogió una servilleta de un dispensador azul y desgastado que había en el centro de la mesa y empezó a dobletearla para gastar el tiempo.
Los dos estaban hechos un manojo de nervios; cada vez faltaba menos para que les desvelaran de una vez el estado del riñón de Liam. La mujer que le dio la cita al chico para ese día le pidió que viniera en ayunas para hacerse aquella prueba, así que por consecuente, y aunque tampoco se hubiera saltado demasiadas comidas, Liam estaba hambriento en ese momento a pesar de no tener el mismo metabolismo de cierto rubio irlandés. De cualquier manera, en la cafetería solo pidió un zumo de naranja ya que esa misma noche había prometido cenar con sus compañeros de banda para celebrar los resultados de las pruebas, fueran tanto buenos como malos. Prefirió ahorrarse las ganas de comer para esa noche. Le encantaría estar ya cenando con sus amigos, porque eso significaría que ya sabría cómo había salido todo, pero desgraciadamente el tiempo se pasaba, para su gusto, demasiado despacio.
Quizá él hubiera pasado más tiempo en el hospital que cualquier otro chico normal, pero, ¿quién se acostumbraría a ellos?

-Sé que estás nervioso- se compadeció Karen, mirando cómo el chico hizo hasta el último doblaje posible de aquel trozo de papel-. Pero ya falta poco. Además, ¿no oíste a la doctora Stevenson? Dijo que tu riñón parecía de lo más normal.
-Sí. Parecía- dijo Liam con ignorancia.

Soltó la servilleta, que de tanto doblez empezó a abrirse sola encima de la mesa como si de una rosa en primavera se tratara, y enderezó su espalda justo en el momento en el que apareció la camarera con una bandeja circular que sostenía lo que anteriormente le habían pedido. La chica, a la que Liam no le echaba más de veinticinco años, sirvió las bebidas sobre la pequeña mesa con algo de notable torpeza en sus largas y adornadas manos.

-Muchas gracias- sonrió Karen mientras se acercaba la tacita de café.

Ella se limitó a sonreír. Cuando posó el vaso de naranja encima de la mesa, se fue lo más rápido que pudo y se ocultó detrás de la barra, pero aún con la sonrisa en la boca.

-La has ruborizado- rió Karen dirigiéndose a su hijo antes de dar un sorbo.
-¿Yo?
-¿La has visto? Estaba nerviosa y estoy segura de que ya sabía que eras el gran cantante y aspirante a modelo Liam Payne- la mujer puso énfasis al pronunciar el nombre de su hijo.
-Mamá- negó Liam, pero no pudo evitar que se le escapara una pequeña sonrisa. No quería echarse rosas, pero que una chica se ruborizara por él ya se había convertido en algo rutinario desde que entró en One Direction, lo que tampoco quería decir que no dejara de extrañarle cada vez que ocurría-. Habrá actuado así porque será una fan o algo por el estilo. Y, ¿cómo que “aspirante a modelo”?- frunció el ceño.
-Bueno... Mírate- evidenció la mujer señalándole.

Liam rió suavemente con un leve toque de nostalgia y miró al frente. A veces echaba de menos hablar con su madre tranquilamente como lo estaban haciendo en ese momento, aunque quizá no era tan tranquilo como él quería creer dado que básicamente estaban reunidos por un hecho de salud y no porque a él le apetecía hacerle una visita a su madre. Liam estaba viviendo el sueño que cualquier chico de su edad podía desear, pero seguía teniendo mucho apego a su familia y no podía verla tan a menudo como él quisiera. De todas maneras, siempre le quedaban aquellos cuatro chicos que hacían que sus preocupaciones se evadieran en un abrir y cerrar de ojos con solo abrir la boca.
Le dio un trago a su zumo de naranja, sintiendo cómo el líquido bajaba por su garganta.
Al volver a posar el vaso contra la mesa, levantó la mirada, encontrándose con la persona que menos esperaba ver en ese lugar.
Una chica se hallaba de pie debajo del umbral de la ancha puerta de la cafetería. Llevaba un atuendo singular que llamaba la atención, ya que a nadie se le habría ocurrido llevar esa ropa a un sitio tal como era un hospital; vestía con unas botas militares negras y exageradas con numerosas hebillas plateadas que hacían juego con su camiseta negra, a la cual el logotipo en blanco del grupo Linkin Park en el centro le daba su toque de gracia. Sobre ésta reposaba una chaqueta vaquera color azul grisáceo que hacía juego con los shorts altos y rasgados que adornaban sus largas piernas. Y para rematar, aunque ya hacía que todas las señoras mayores que iban por los pasillos se reunieran para cuchichear sobre la ropa estrafalaria de la joven, colgaba de su cuello una cámara de fotos de un tamaño considerable.
Un insignificante destello en los ojos de la muchacha le abrió los ojos a Liam, haciéndole sabedor de que, aunque ella tuviera el pelo rubio y mechas azules en las puntas de éste en vez de llevar mechones rosas como la última vez que la vio, esa era la chica que estuvo con él durante aquella pesadilla en la montaña rusa.

* * *

-Chelsea.
-Ed.
-Voy al baño un momento, ¿sí? Tú ve cogiendo mesa, ahora iré yo a la cafetería.
-Va, pero date prisa. ¿Te voy pidiendo algo o…?
-Sí, una pizza familiar.
-Ed, es una cafetería.
-Y unas patatas fritas.
-Te estás quedando conmigo.
-Efectivamente, querida amiga.
-Tira al baño, anda- Chelsea empujó cariñosamente a su amigo al mismo tiempo que se le escapó una sonrisa.

Para Ed, que ella sonriera ya era un logro. Le encantaba hacer a la gente reír, sobre todo a ella, ya que las tácticas que él usaba se basaban siempre en lo absurdo y ese no era exactamente el tipo de humor preferido de la rubia, lo que hacía al hecho de que la chica riera porque él lo hubiera provocado una cosa complicada.
Mientras el moreno se dirigía al baño, Chelsea se encaminó hacia la cafetería del hospital.

Una vez que la matrona entró en la sala donde la pobre Juliet estaba penando y los tres amigos se quedaron tranquilos, Ed y Chelsea decidieron ir a tomar algo a la cafetería. Sin embargo, Colin no dudó ni un momento y prefirió quedarse con su novia.

Chelsea no podía parar de pensar en su amiga. Se le hacía raro pensar que mientras ella andaba tranquilamente por los pasillos, Juliet estaba sufriendo un dolor inimaginable. Y todo estaba sucediendo en el mismo edificio.
Torció a la derecha tras un rato caminando y consiguió ver sobre unas grandes puertas un cartelito en el que ponía escrito “Cafetería”. Se preguntó si Ed sabría llegar hasta allí ya que tenía por seguro que se perdería y acabaría irrumpiendo en cualquier otra sala para preguntar, pero no le dio mucha importancia.
Paró en la puerta de la cafetería y observó la sala; al fondo había una barra donde los camareros servían pedidos y limpiaban la encimera. Por toda la habitación había montones de mesas altas esparcidas con taburetes negros y con respaldo, aunque pudo distinguir algunas mesas de tamaño normal con sillas corrientes cerca de las ventanas, las que supuso serían para gente que por diversos motivos no podía sentarse en taburetes.
Se adentró en la cafetería y se sentó en uno de los taburetes de una mesa vacía, reservándole el sitio a su amigo. Se sacó la cámara del cuello, haciendo que la cuerda le colocara ligeramente el cabello sobre el hombro derecho, y la puso sobre la mesa, esperando que nadie la atendiera todavía ya que prefería hacerlo cuando Ed estuviera presente.

-Listo.

Una voz grave susurrada en el oído de Chelsea hizo que ésta pegara un bote. Seguidamente, Ed se sentó en frente de ella y la miró divertido

-¿Has pedido ya?
-Qué va, acabo de sentarme.
-Genial- Ed se levantó-. Entonces mejor voy a pedirlo a la barra; tardarán menos que si nos lo tienen que traer.
-Si tú lo dices- Chelsea se encogió de hombros.
-¿Qué vas a querer?
-Un… ¿Brownie?- dudó ella.
-Un brownie- Ed asintió con la cabeza al mismo tiempo que curvaba sus labios-. Cómo no. ¿Algo más?
-Un zumo de piña.
-No sé ni para qué pregunto- rió Ed, dándose la vuelta y haciendo que las cadenas de sus pantalones chocaran provocando un agudo ruido.
-Lo mismo pienso yo- respondió Chelsea, consciente de que el chico ya no la oía.

* * *

-Sé que puedes con esto- Juliet apretó con más fuerza la mano de Colin, quien notaba cómo ésta tornaba su color a un tono rojizo por la circulación que ella le cortaba, dolor el cual contrarrestaba el de la espalda por estar tanto tiempo encorvado para susurrarle a Juliet palabras tranquilizadoras. Era lo único que podía hacer, y le prometió que lo haría.

Al rubio le habían obligado a ponerse uno de los informales trajes que llevaban los médicos del hospital -obviamente el suyo no llevaba placa autorizándolo como licenciado-, pero haría cualquier cosa por quedarse con ella. Si él estuviera en su situación, le habría gustado que su pareja permaneciese con él; tenía claro que el dolor se haría bastante más llevadero, o al menos sería mejor el saber que hay alguien que se preocupa realmente. Así es como Colin se tomaba las cosas con la morena, que ya tenía la epidural puesta y hacía un esfuerzo para su hija viniera al mundo lo antes posible.


* * *

-Su brownie y su zumo.
-Gracias, Edward.
-El brownie es de bolsa- comentó el chico mientras acercaba su taburete para sentarse-. Me han dicho que es casero pero les he visto sacarlos de una bolsita y recalentarlo en el microondas- cotilleó.
-Dios, cómo se atreven- se impactó falsamente Chelsea-. ¿Eso no es ilegal?- preguntó sarcásticamente antes de darle un trago al zumo de piña.
-No sé, pero, ¿sabías que en Australia es ilegal untarse pomada negra para los zapatos en la cara?- manifestó Ed, haciendo que Chelsea casi se ahogara y la mayoría de la cafetería la mirara.
-¿Perdona?- dijo como pudo al tiempo que tosía. Ed se vio obligado a levantarse para darle golpecitos en la espalda si no quería que su amiga se quedara sin respiración, a pesar de estar dentro de un hospital- ¿A qué ha venido eso?
-Solo quería que te atragantaras- sonrió anchamente el muchacho, picándola.
-¿Y cómo sabes tú eso?- prefirió evitar el comentario. Ya se la devolvería más tarde.
-Verás- empezó con voz intrigante y volvió a su taburete-. Un día estaba yo en Australia y me dije “¿Qué pasaría si me unto la cara de pomada para los zapatos?”.
-Cuentista- la rubia le tiró una miguita de su brownie a la cara.
-Tal vez.

Edward sonrió con suficiencia a la rubia, que mordisqueó su pastelito con delicadeza saboreando el dulce sabor que aquello tenía y notando un toque de precalentado, aunque prefirió no manifestarlo por si Ed acababa diciendo que en algún país estaba prohibido atar una jirafa a una farola.


* * *


-¿Sabes? Creo que voy a pedirme otro zumo de estos. Están deliciosos- tras beber la última gota de su zumo de naranja, Liam relamió sus carnosos labios, anhelando la sapidez del jugo. Total, ¿qué más daba? Por otro zumo no iba a quedarse sin hambre para la cena de celebración, y, si todo salía como habían esperado, no iba a volver a pasarse por la cafetería de ese hospital.
-Me parece bien. Yo tengo suficiente con esto- Karen levantó un poco la taza del plato y miró la cantidad de café que le quedaba, comprobando que era suficiente para lo que les quedaba de espera.

Liam se levantó y fue a la barra, llevando de paso el vaso vacío en el que anteriormente le habían servido su bebida. A pesar de que la barra no estuviera precisamente abarrotada, no hubo nadie que le atendiera al llegar; los camareros estaban bastante atareados llevando y trayendo pedidos a las mesas de la cafetería y parecían no oír las llamadas de Liam, quien tenía muchas ganas de volver a probar el zumo.

-Perdone, ¿me puede dar un tenedor y un cuchillo?

Un chico moreno apareció y se colocó al lado de Liam, apoyó sus manos sobre la encimera e intentó llamar la atención de los camareros, aunque, como él ya suponía, fue en vano.
Liam se fijó en su vestimenta y empezó a preguntarse si había habido algún incidente durante un concierto de rock; era la segunda persona que veía en el hospital que vestía de una forma… diferente. Por supuesto, Liam era una persona abierta de mente y dado a su generación no se le hacía tan raro que alguien llevara ropa de ese estilo, pero en un hospital, sí que destacaba. Esta vez, ese muchacho llevaba unos vaqueros oscuros bajos. Dos cadenas colgaban a cada lado de su cintura y le recordaron, por el estilo de cómo los llevaba, a cuando su amigo Louis se quitaba los tirantes de los hombros y estos caían sobre sus piernas. Sus pies calzaban unas converses grises y una sudadera del mismo color que éstas con un lema grosero cubría su pecho, por no hablar del guante negro en su mano derecha al que cualquier persona mayor le parecería de escasa utilidad ya que dejaba los dedos al descubierto. Por último, sobre su cabeza descansaba una gorra de béisbol en color verde con la marca de bordada con hilo, la cual llevaba de una forma totalmente informal.

-Gracias por atenderme, en serio- ironizó el joven a la nada- ¿Llevas mucho aquí esperando?- le preguntó a Liam, sorprendiéndole por la naturalidad con la que se dirigía a él. La verdad es que hacía tiempo que un desconocido no lo trataba así, y no con eso se refería a maleducación; simplemente, le sorprendió.
-Pues la verdad, no llevo mucho- se sinceró-. Solo llevo un par de minutos aquí, nada más.
-Menos mal, porqu… ¡Oye!- exclamó el moreno, entrecerrando los ojos y señalándole con el dedo índice- Yo a ti te conozco.

Cosa que no impresionó a Liam.

-¿Sí? Bueno, últimamente vaya a donde vaya, la gente me reconoce- rió ligeramente, ladeando un poco su cabeza.
-¿A tanta gente has salvado?- preguntó con cierto toque de cachondeo y alzando una ceja mientras agrandaba su sonrisa, pero todo sin la mínima burla de tal manera que Liam no estuviera incómodo. Esa pregunta descolocó bastante a Liam, y al notarlo, el chico rió- No sé de qué te conocerá toda esa gente, pero no sé si te acordarás de que hace un par de meses tú ayudaste a mi amiga a no caerse de una atracción en la feria.

Sí.
Sí que se acordaba.
Nunca podría olvidar aquella trágica noche, sosteniendo a una chica desconocida y desmayada entre sus brazos para evitar su caída al vacío a más de cinco metros del suelo, al mismo tiempo que música de discoteca proveniente de grandes altavoces de todas las atracciones de la feria se mezclaban  en el aire y resonaban en su cabeza, haciéndole ver todo borroso y marearse por la situación por no contar las ganas de vomitar, pero con la adrenalina a tope y con la fuerza mental suficiente como para mantenerse alerta de todo lo que ocurría a su alrededor y, claramente, no soltar a la chica.

-Me acuerdo de ella, pero…
-Yo era su supuesto hermano- hizo gestos con sus manos apuntándose a su cara, como si así se pudiera acordar de él. Aunque lo hizo. Y no fue precisamente por la ayuda de sus manos.
-¡Ah! Ya sé- sonrió al acordarse. Sí, era aquél chico tan majo que corrió a abrazar a su amiga en cuanto le dejaron los de seguridad.
-¿Necesitáis algo?

Una camarera interrumpió la interesante conversación en la cual se recordaban el uno al otro, lo que le dio rabia a Liam ya que sabía que de alguna manera eso pondría fin a su conversación. Y él no había terminado de preguntarle todo lo que tenía que preguntarle.

-Sí… Él iba primero.
-Yo quería un zumo de naranja.
-Yo un tenedor y un cuchillo- dijo el muchacho cuando ella le miró con intención de apuntar los dos pedidos a la vez.
-Enseguida- asintió la camarera y comenzó a preparar los pedidos.
-Ahora que me doy cuenta, no nos hemos presentado. Soy Edward, Edward Lekker, pero puedes llamarme Ed, Eddie, Rachel o como quieras- le tendió una mano.
-Yo Liam, Liam Payne- correspondió su saludo agitándole la mano-. Y llámame Liam- sonrió, provocando la risa de Ed.
-¿Estabas solo?- cambió de tema.
-Pues no, estaba con mi madre- miró en dirección a Karen, que estaba hablando por teléfono mientras le daba vueltas al café con una cucharilla.
-Lo decía por si te querías sentar con nosotros.

Nosotros- resonó en la cabeza de Liam. Ahora se dio cuenta de algo obvio; la chica del pelo raro había venido con Ed, y ahora le ofrecían la oportunidad de verla otra vez. Pero, ¿realmente le apetecía rememorar aquel angustioso día donde su vida corría peligro, aquel día con el que tantas pesadillas en secreto había tenido, aquel día que para él cambió el significado a la palabra “feria”? Porque, al mirarla, sería lo único que pasaría por su cabeza.

-Bueno, es que dejaría a mi madre sola y…
-¡Vamos! Si son solo unos minutos- le cortó con ilusión-. O si no, dile que venga. ¡Si hay sillas de sobra!

Existía la posibilidad de que Edward estuviera de coña, pero lo decía con tantas ganas que llegaba a asustar.

-Aquí tienen.

La chica que les había atendido reapareció y puso delante de ellos un zumo de naranja y dos cubiertos envueltos en una servilleta de tela blanca. Liam, al pagar su zumo y el café de su madre, aprovechó para dar el dinero de lo que habían pedido Ed y Chelsea sin que el chico se diera cuenta.

-Le diré que espere un poco- se decidió el castaño, refiriéndose a su madre-. Total, parece entretenida con el móvil.
-Bien- sonrió con suficiencia-. Nosotros estamos… ¿Ves a esa chica que juguetea con la cámara?

Con su índice, Ed apuntó a la chica a la que Liam tenía miedo a enfrentarse. Seguramente, a ella tampoco le haría mucha gracia que él se presentara allí. Ni siquiera le hacía falta empatizar para saberlo. Él ya lo estaba sintiendo en su propia piel.

-La veo.
-Pues ahí es.
-Va. No tardo nada- dijo Liam, marchándose a su mesa, zumo en mano.

Se planteó que quizá estuviera exagerando más de lo debido eso de saludar a esa chica, Chels según Edward si mal no creía recordar. Pero la primera y única vez que la vio fue en unas situaciones demasiado críticas como para ahora hacer como si nada pasara.
La verdad es que ahora, pensado con detenimiento, todo le parecía demasiado absurdo. Solo era una chica más por conocer.
Se rió de sí mismo, eso sí, en su interior.


Ed cogió los cubiertos y se dirigió a la mesa donde Chelsea lo esperaba.

-Adivina a quién me he encontrado en la barra.
-¿A Alf?- la rubia levantó con ilusión la vista de su cámara. Ed le miró con una mueca divertida y con una mirada de miedo fingido.
-P… ¿por qué todo el mundo últimamente tiene que ser Alf?
-¿Por qué no?
-Chelsea, chssss, ya pasó- la rubia soltó una carcajada contenida-. No, no es Alf, pero le he dicho que venga con nosotros. Ya verás, seguro que te alegras cuando le veas.
-Eso habrá que verlo. El caso, ¿te vas a comer medio brownie o no?
-No lo dudes- Ed sacó los cubiertos y los puso en alto, cada uno en una mano, dispuesto a hincarle el diente al pastelito.

No es que a Chelsea no le gustara aquel brownie ni que lo hubiera rechazado por ser de bolsa, totalmente al contrario. Pero su amigo siempre conseguía lo que quería cuando ponía su típica expresión a la que Colin y Chelsea habían denominado ya oficialmente como “cara de engañabobos”, que era algo parecido a lo de poner cara de perrito sin hogar para dar pena y conseguir lo que quiere. Lo peor era que él tenía unos ojos muy grandes, y sumado a eso, le era imposible negarse a cederle un trozo. O, en este caso, incluso la mitad.

-¿Y por qué dices que me va a hacer ilusión?- la rubia apoyó los codos sobre la mesa y su barbilla entre sus manos, observando cómo si amigo partía su delicioso brownie de chocolate por la mitad- Esto duele.
-Pues… ¿porque hace mucho que no le ves?- dijo lo primero que se le pasó por la cabeza, pero funcionó- Y ya es tarde- le dio un bocado a su trozo de pastelito que era de su posesión porque estratégicamente se lo había regateado a Chelsea.
-Y te parecerá bonito eso de robar pastelitos a la gente.
-Sí.
-Idiota.
-También.
-Hola.

Chelsea alzó la mirada. Alguien detrás de Ed les había saludado y ella ya suponía que iba a ser aquella persona de la que su amigo acababa de hablarle diciéndole que le iba a hacer ilusión verle y sin embargo no le había dado la más mínima pista, al menos alguna con la que ella pudiera hacerse una idea.
Obviamente sabía que no iba a ser Alf.
Pero la persona con la que se encontró con la mirada y le mandaba una tímida sonrisa, se la esperaba menos que a ese extraterrestre come-gatitos.
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Att: Amber Fletcher