-Muchas gracias.- sonrió la muchacha que Liam hasta pensaba
que tenía cara de fan, mientras cogía entre sus manos la libreta que sus ídolos
les habían firmado. No cabía en ella de felicidad.
-A ti, guapa.- respondió Harry con una sonrisa.
La chica se fue dando saltitos para reunirse con sus demás
amigos, que según las caras que habían puesto no parecía que One Direction
fuera su banda de música preferida.
Antes se habían hecho esperanzas y habían empezado a pensar
que ninguna fan se encontraba por esa zona aquella noche, ya que, hasta ahora,
no se habían encontrado con ninguna y Paul se había quedado un poco descuidado
por aquel hecho. Claro, que el camuflaje también ayudaba un poco; gafas de sol
y dos de ellos llevaban capuchas puestas que actuaban como pasamontañas, pero
la temperatura no ayudaba mucho. Puede que el clima de Inglaterra no se parezca
en nada al mediterráneo, pero sus cuerpos se habían acostumbrado a pasar frío y
llevar tanto chisme encima les hacía pasar calor.
La verdad era que llevar gafas de ese tipo en un país que
tiene temperatura media inferior a los diez grados centígrados y, encima, de
noche, debería levantar sospechas. Pero aquí todo el mundo iba a su rollo y
pocos se fijaban en cinco chicos “normales”, aunque mientras pagaban el ticket
para una noria, Zayn pilló a una mujer mirándole el trasero.
Mientras caminaban para llegar a la zona de las “atracciones
extremas”, Niall y Zayn señalaban a todos lados y se llamaban cada dos por tres
para avisarse de que habían visto alguna cosa que les sorprendía de la feria,
ilusionados como críos, Harry le contaba a Paul una anécdota sobre sus tiempos
en la panadería y Liam y Louis discutían los beneficios que traería para los
ciudadanos que Barney gobernara el mundo.
-¿Zayn? ¿A dónde vas?- preguntó Paul. No podía dejar que se
alejara del grupo, y era justo lo que estaba haciendo. Zayn se separaba de
ellos caminando de una forma en la que parecía que estaba hipnotizado, sin
parpadear y con la boca entreabierta.
-Tíos…- Zayn sonrió y se dio la vuelta en un movimiento
brusco para avisar a sus amigos- ¡Vayamos ahí!- amplió su sonrisa mientras señalaba
una cosa detrás de él con el pulgar.
Los chicos levantaron la cabeza para ver a qué se refería.
Era una especie de caseta, tan desgastada que era difícil distinguir si era
negra o gris, y encima de ella había unas barras de metal que sujetaban a unas
letras de colores que parpadeaban. Ponía “La Casa de los Espejos”.
-Zayn, ¿en serio?- rió Niall.
-¡Por favor!- juntó las manos y puso cara de niño inocente.
Instintivamente, las cinco cabezas se dirigieron a Paul, que
como respuesta alzó las manos al aire dando a entender que a él no le importaba
lo que hicieran siempre y cuando estuvieran a salvo.
-Pues… compremos los tickets- Louis se encogió de hombros.
Zayn pegó un pequeño salto y se dirigieron hacia la taquilla
de La Casa De Los Espejos.
* * *
-¡Woah!- exclamó Ed, soltando todo el aire.
-¡Extremo!- dijo Colin, alzando la mano para que su amigo le
chocara los cinco.
Chelsea rodó los ojos. “Infantiles”- pensó, pero no pudo
reprimir una sonrisa acompañada de un suspiro. Ella quería a sus amigos tales y
como eran, y estaba muy agradecida de poder contar con ellos. Además, con las
tonterías que hacían ellos dos nunca se podría sentir triste si estaban a su
lado. Cuando estaban juntos, los problemas desaparecían.
-Tenías que haberte montado, rubia-dijo Ed. Llamarla “rubia”
era una especie de apodo cariñoso que Colin y Ed tenían especialmente para
ella, aunque a Chelsea no le hacía mucha gracia que la llamaran así. Y justo
por eso, le habían puesto ese mote-. No ha sido lo mismo sin ti.
Colin y Ed habían subido a una atracción que consistía en un
péndulo que oscilaba hacia delante y hacia atrás al mismo tiempo que giraba
sobre sí mismo. Antes de que sus amigos montaran, ella había observado que la
mayoría de gente que subía ahí terminaba vomitando o con la cara pálida. Y ella
no es que fuera temeraria. Prefirió quedarse abajo mirando la forma tan extraña
que tenían sus amigos de pasárselo bien, nada más y nada menos que con el
subidón de adrenalina que les provocaba aquello. Además, aprovechó para
guardarles a sus amigos sus móviles y su dinero, por si se les caían en el
recorrido.
-¿Para vomitar y tener mal cuerpo?- dijo Chelsea, con un
tono irónico en su pronunciación, sacando las pertenencias de sus amigos que
ella se había guardado en su bolsillo- No, gracias.
-Ah, Chelsea- suspiró Colin-. Estás echa toda una cobarde.
-Habló el petulante.
-Pusilánime.
-Zopenco.
-Oh, callaos- se quejó Ed-. Pero Colin sigue teniendo razón.
-¡Eh!- protestó Chelsea, lo que produjo las risas de los dos
chicos y a las que ella acabó uniéndose.
Una vez sus dos amigos estuvieron listos, emprendieron de
nuevo su ruta por el lugar.
-Bueno, no habré montado en el sitio ese, pero, ¿sabéis
qué?- dijo Chelsea mientras le quitaba la funda a su cámara fotográfica- Os he
sacado unas fotos impresionantes- Ed paró de andar, por lo que sus amigos lo
hicieron también, para ver qué le pasaba.
-¡Pam!- exclamó Ed, y se le formó una gran sonrisa en la
boca-. Ya puedes ir soltando la pasta- le tendió una mano a Colin mientras
movía los dedos, indicándole que se diera prisa en dárselos.
-Oh, tío- guñó Colin-. ¿Yo qué sabía? No me hagas esto.
-Una apuesta es una apuesta- Edward se encogió de hombros,
para después mover la mano con más rapidez. ¡Maldito sea! Siempre que él perdía
una apuesta le hacía chantaje para que Ed lo dejara pasar, pero esta vez Colin
no se iba a salir con la suya.
Como Colin vio que no tenía otra salida, se metió la mano en
el bolsillo bruscamente y depositó en la mano de su amigo cinco libras, eso sí,
todo el proceso mientras maldecía por lo bajo.
-Buen chico.
-Pero, ¿qué pasa aquí?- preguntó Chelsea- ¿Qué habéis
apostado?
-Ed dijo que lo más seguro es que tú hicieras fotos de la
atracción mientras nosotros montábamos- explicó el rubio.
-Y Colin dijo que no tenías por qué, así que decidimos
apostar mientras esperábamos en la cola para entrar- completó Ed. La chica rió.
-No sé si esa apuesta indica quién de los dos es adivino o
quién de los dos me conoce mejor.
-¡Eh! ¿Cómo te atreves a decir eso?- Colin se hizo el
dolido- Yo dije que no porque creí que una simple atracción era demasiado fácil
y típico para ti.
-Ah, Colin- Chelsea aguantó las ganas de reír-. Me halagas,
pero igualmente, lo dije de broma.
-Sí, será eso.
El rubito se metió demasiado en su papel y se alejó de ellos
dos, más que nada para poder reír sin que pensaran que había estado actuando.
No le molestaba lo que había dicho Chelsea, sabía que lo dijo para fastidiarle,
que era lo que ella siempre hacía, pero con cariño. Él quería mucho a esa chica
y viceversa.
Ed y Chelsea, que se quedaron un poco más atrás, rieron como
niños. Colin y sus dramatismos…
-Pobre chico, deberías ir y pedirle perdón- dijo Ed mientras
ponía cara de pena.
Ella rió a modo de afirmación y se separó del moreno para
buscar a Colin, mientras Ed la seguía por detrás. Para su sorpresa, lo divisó
cerca de un puesto que vendía juguetes para niños, y él sostenía un osito de
peluche. Chelsea sonrió al verlo. La imagen que estaba viendo era demasiado
bonita y tan tierna que no le quedó otra que sacar la cámara y echarle una foto.
Al recibir el flash, Colin giró la cabeza, desconcertado. Se encontró con la
rubia, que observaba la fotografía que acababa de sacar en su cámara. Cuando
ella levantó la cabeza porque se sentía observada, los pardos ojos de Colin
apuntaban directamente a los suyos, lo que les sacó una sonrisa a los dos. Él
volvió la mirada al peluche, sin borrar su sonrisa. Chelsea se acercó
débilmente a su amigo, hasta quedar justo a su lado. Desde ese ángulo pudo ver
con mejor precisión el peluche; era un osito blanco con un lazo rojo alrededor
del cuello y justo en el centro de su barriga tenía el nombre de Rosie cosido
con hilo de color rojo. Colin lo había cogido de un montón de peluches que se
encontraban encima de un tablero colocado estratégicamente para que actuara
como mesa, y cada uno tenía un nombre diferente en la tripa.
-Pensé que sería bonito para Rosie- susurró con voz anhelante,
mientras soltaba una risita suave, pero nerviosa. Ahí Chelsea lo comprendió
todo.
Colin llevaba casi dos años saliendo oficialmente con
Juliet, una chica morena de la misma edad que éste. Para él, tener una novia
tanto tiempo era todo un récord, además de que en todo ese tiempo solo se
habían peleado una vez, y no duraron más de un día enfadados. Los dos se amaban
y se ayudaban mutuamente y siempre sacaban un hueco del día donde pudieran
verse.
Colin y Juliet podrían considerarse como la pareja perfecta,
pero no lo eran. Lo hubieran sido si hace seis meses no hubieran cometido el
error de sus vidas, el error que hizo que actualmente Juliet estuviera
embarazada.
Para ellos dos fue una noticia muy impactante, ya que sabían
con claridad que a partir de ese momento sus vidas iban a cambiar por completo.
Pero aunque tuvieran que cargar con ese peso, habían decidido que ella no iba a
abortar. Una cosa entre las miles que le sorprendían a Chelsea era el amor que
Colin sentía y le transmitía a Juliet, porque un adolescente en sus condiciones
lo que haría sería obligar a la chica a abortar, dar al bebé en adopción o, en
el peor de los casos, abandonar a la chica, desaparecer y dejar a una
adolescente soltera y embarazada sola para afrontar lo que venía. Que fue justo
lo que hizo el padre de Chelsea. Y ella sabía lo mal que se sentía. Por eso
veneraba la valentía y la decisión que Colin tomó; formar una familia con
Juliet costara lo que le costara, porque él la seguía amando como el primer
día.
La pareja ya había ido al ginecólogo, y el especialista
averiguó que se trataba de una niña, a la que no tardaron en escogerle el
nombre: Rosie Adams.
Colin quería comprar el peluche para su futura hija.
-El problema es que no me llega el dinero- Colin profirió un
suspiro mientras dejaba el peluche con delicadeza en su sitio.
-¿Cuánto cuesta?- preguntó Chelsea mientras recogía el
peluche que él había dejado.
-La mujer me ha dicho que cuatro libras, y después de la
apuesta a mí solo me quedan dos.
-Así que ahora me pones a mí de malo, ¿no?- oyeron la voz de
Ed detrás de ellos, y éste se acercó hasta la misma zona del puesto en el que
estaban Chelsea y Colin- Eso no entraba en el trato.
-Tío, yo no te he puesto de malo- entornó los ojos Colin.
-Pero dices que no puedes comprarle eso a Rosie porque yo me
he llevado tu dinero, que viene a ser lo mismo.
-¿Cómo sabes que se lo iba a comprar a Rosie? ¿Cuánto tiempo
nos has estado espiando?
-Lo sé por el simple hecho de que en la mitad del oso pone
Rosie, idiota. Lo único que he hecho es unir cabos.
-Y bueno, mientras vosotros discutíais yo he comprado el
peluche- sonrió Chelsea, y le plantó a Colin en el pecho el osito que tanto
drama había creado. Él lo cogió, pero para que no se le cayera al suelo. No podía
aceptar que Chelsea se lo pagara.
-Chelsea, no…
-Ah, ah- negó ella con su dedo-. Cógelo como un regalo para
ella, ¿sí? Y ahora, en marcha- Colin vaciló un poco, pero la verdad es que le
emocionaba poderle llevar eso a Juliet y guardarlo hasta que Rosie viniera al
mundo. Esbozó una sincera sonrisa.
-¿Sabéis? Yo quiero ir a La Casa de los Espejos- comentó Ed
mientras caminaban.
-Oh, claro, es muy divertido pagar para ver tu reflejo-
ironizó Chelsea, el rubio rió.
-¡No! Lo digo en serio. Allí hay muchos espejos y no son
todos iguales, uno te hace feo, otro más alto…
-Puedes hacer lo mismo en el baño de tu casa, solo que no te
ves más feo de lo que eres y no tienes que dañarte la vista. Al menos, no tanto-
dijo Colin.
-¿Me estás llamando feo?
-Te estoy llamando guapo. Pero, ahora en serio, ese sitio es
un timo, Ed.
-Bueno, pues si no vamos a La Casa de los Espejos- se
resignó el moreno-, vayamos a la zona de las atracciones extremas.
-Hecho- le secundó Chelsea, y se dirigieron hacia allí.
Lo que no sabían los tres chicos era quién iba a estar en
esa zona de la feria.
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Y ese ha sido el segundo capítulo. Por favor, dejad un comentario en el blog o en mi tablón de tuenti. Soy Amber Fletcher :]
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Y ese ha sido el segundo capítulo. Por favor, dejad un comentario en el blog o en mi tablón de tuenti. Soy Amber Fletcher :]
Me dejaste sin palabras :3
ResponderEliminarEs increíblemente perfecta:3!
Att: Aurora Morena (tuenti) ^^
Wowwwwwwwwwwwwwwwww *O*
ResponderEliminarEs lo único que se puede decir sobre esta novela, la cual tiene sólo dos capítulos, pero engancha con una facilidad sorprendente y envidiable, también.
Infinito amor hacia todos los personajes menos a Paul, que yo sé que está ahí solo por su sueldo (?) Nah, no vamos a marginarle al pobre.
Me recuerda mucho a mi manera de escribir y quizá por eso, sea esa una de las razones por las que me han gustado tanto estos dos breves (porque a mí se me han echo cortos) capítulos, pero ya sabes lo que dicen "lo bueno, si breve, dos veces bueno" aunque para mí eso es una mentira como un templo.
Lo dicho, que el comentario se hace largo y la vida son dos días.
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PD: Por si acaso, soy Cris Vila Jb.