-Así que pretendes quedarte en mi casa
unos días, ¿no?- dijo Alan. Se podía notar en su voz que no estaba del todo de
acuerdo con esa propuesta.
-O que venga ella conmigo. El caso es
estar juntos.
Se formó un incómodo silencio debido a la
indecisión del señor Harrison. No estaba seguro si debería ceder a la petición
del chico, aunque le gustaría poder hacerlo.
-No veo necesario lo que me pides. Podemos
prescindir de ti cuando pase-dijo mientras cogía un bote de un armario.
-Pero como obligación mía, y también
porque yo quiero hacerlo, yo sí que veo necesario estar junto a ella cuando
tenga contracciones.
-Escucha- Alan dejó el bote en la mesa y le
miró directamente a los ojos-. Yo estaré todo el día en casa con ella, y cuando
yo no esté, estará mi mujer. Juliet no va a estar desatendida, puedes estar
tranquilo.
-Ese es el caso. Que yo no estaré
tranquilo hasta que salga del hospital con mi hija en brazos.
Se le hizo raro decir aquello. Rosie era
su hija, fruto de Juliet y él. Todavía le era difícil asimilarlo.
-Bueno, y cuando tenga contracciones,
¿qué? Porque nosotros somos los únicos que pueden llevarla al hospital- abrió
el bote y espolvoreó el azúcar que este contenía por encima de las galletas.
Eso era cierto. Colin no tenía coche y si
en cualquier momento tuviera que llevar a Juliet al hospital, no podría. A no
ser que le volviera a coger el coche a su padre… Si era necesario, lo haría. Atendría
a las consecuencias sin ningún problema ya que en momentos como ese, le daría igual
todo lo demás.
-Así que te recuerdo que nosotros somos
los únicos que pueden ayudarla.
-¿Insinúa que no puedo cuidar a Juliet?-
se puso serio.
-Bueno, si no has sido capaz de usar
protección, contando eso como una forma de cuidarla, ya que lo es- resaltó las
últimas palabras-, me espero cualquier cosa de ti.
La cólera fluía por las venas de Colin
como una parte ya de su cuerpo. Apretó los puños, clavándose las uñas en la
palma de la mano dejando seguramente una profunda marca posterior, para
desahogarse. No creyó capaz a Alan de decir cosa semejante. Había perdido toda
la estimación que le conservaba al hombre, cada vez veía más irreversible el
odio que cada uno guardaba hacia el otro. Él sabía que a Alan no le gustaba ni
un pelo la situación, pero ya no se podía cambiar. ¿Por qué no lo aceptaba de
una vez? Ya habían pasado más de siete meses. Y no solo quería que las cosas
fueran bien entre Alan y él por ellos mismos, sino porque sabía que a Juliet
tampoco le gustaba el tipo de relación que tenían su padre y su novio.
-Gracias por su ayuda y comprensión, señor Harrison- ironizó el rubio antes de salir de la cocina.
-Gracias por su ayuda y comprensión, señor Harrison- ironizó el rubio antes de salir de la cocina.
-No hay de qué- oyó la voz de Alan a su
espalda.
Volvió al salón y se sentó en la mesa
junto a sus amigos, que le miraban un poco extrañados. Él intentaba que sus
pensamientos sobre venganzas contra Alan se disiparan cogiéndole la mano a
Juliet y haciéndole caricias nerviosas con el pulgar, intentando relajar su
expresión facial. Ella ya se figuraba qué había pasado en la cocina mientras Ed
y Chelsea se mandaban miradas confusas. Se habían perdido muchas cosas.
-Aquí están las galletas.
Tras escasos minutos de tensión entre los
cuatro chicos, Alan apareció en el salón, poniendo sobre la mesa una bandeja de
metal reluciente repleta de galletitas que desprendían un idílico olor. Colin
ni siquiera se molestó en mirarle a la cara, mantenía su vista fija en la mano
de la morena que había cogido con antelación.
-Yo voy a la cocina a recoger lo que
hemos ensuciado. Coméroslas todas si queréis.
“Claro, y ahora te haces de bueno,
¿verdad?”- pensó el rubio con rabia.
El señor Harrison se marchó de la
habitación dejando a su paso otro de los
muchos tensos silencios de esa tarde interrumpido por el sonido de sus
zapatos al chocar contra el suelo, que extrañamente esa vez parecían más
ruidosos. Una vez se le dejó de oír, Juliet no perdió ni un segundo para
preguntarle al rubio una cosa por la que ya sabía la respuesta, pero aún
guardaba algo de esperanza. Giró su cabeza y le miró a la cara, haciendo que
éste le mirara también.
-Por favor, dime que no es lo que yo
creo- dijo la chica.
Colin mordió su labio y, evitando su
mirada, bajó la cabeza de nuevo, esta vez con la lentitud suficiente como para
que Juliet se pusiera nerviosa.
-Lo siento, no va a poder ser.
Ella bajó la mirada lentamente y se le
escapó un pequeño sollozo involuntario. No, esta vez no iba a llorar.
-Juliet… ¿estás bien- Ed se preocupó. No
era normal en ella que llorara, al menos no en público.
-Sí, claro. Perfectamente- miró a los dos
chicos y sonrió excesivamente.
Pero los ojos rojos, son unos de los
pequeños detalles que delatan a uno.
Chelsea y Ed, casi al compás, alzaron las
cejas. No podía mentirles de esa manera si tenían pruebas.
-Vale. No, no estoy bien- suspiró ésta,
relajando los hombros-. Me… me habría gustado- empezó- que Colin se quedara
conmigo, en mi casa, hasta que… bueno. Ya sabéis- los dos amigos asintieron,
mientras Colin la miraba con atención-. Tengo miedo a lo que pueda pasar si no
estoy con él cuando... suceda. Sé que suena ridículo, pero es lo que siento. Y
al parecer… Mi padre no está de acuerdo. Es un rencoroso que no quiere la
felicidad de su hija- apoyó su frente sobre el hombro del rubio.
Antes de que alguien pudiera decir nada,
Chelsea se levantó de la silla y se dirigió, con las miradas de los tres
adolescentes puestas en ella, a la cocina, con paso decidido. Quizá lo que iba
a hacer a continuación no era muy correcto y menos de su incumbencia, pero ver
a Juliet sollozar le dio las fuerzas suficientes como para atreverse.
-Señor Harrison, tengo que hablar con
usted- Chelsea se paró en el marco de la puerta.
Alan, que estaba de espaldas a Chelsea,
se dio la vuelta. Al descubrir que era ella, sonrió.
-Ah, Chelsea. Cuéntame- dijo sonriente,
desabrochándose el delantal.
-Juliet me ha explicado lo que pasa con
Colin.
Toda pequeña muestra de felicidad se
borró de la cara del hombre, dejándolo así con una expresión seca mirando
fijamente a la chica. Ella dudó un momento. Sabía que no debería meterse en eso,
pero quería ayudar.
-Es complicado- se limitó a decir el
hombre, volviendo a darle la espalda a la muchacha. ¿Quién se creía que era
para intervenir?
-Solo quiero hacerle razonar- explicó la
rubia, buscando la atención de el señor Harrison.
El hombre se sacó el delantal del cuello
y lo tiró a la encimera, apoyándose seguidamente en ella con las dos manos y
con la cabeza hundida entre sus hombros.
-Chelsea, esto no es algo que se pueda
negociar…
-Solo escúcheme. Luego es libre de hacer
lo que quiera, pero por favor, escuche lo que le digo.
Alan no entendía cómo no se esperaba que
eso sucediera con lo cabezota que llega a ser Chelsea a veces. Decidió no darle
más vueltas ya que acabarían en el mismo punto y se sentó en una silla de la
cocina, mirándola, intentando ocultar su expectación con una aburrida
expresión.
-Bueno, sé que no debería meterme en
esto- empezó ella-, pero quiero hacerle ver la realidad. Colin es un buen
chico- Alan bufó disimuladamente, pero al no oponerse y seguir escuchando,
Chelsea prosiguió- y tiene que valorar que lo que está haciendo él ahora mismo
es lo mejor que podría hacer. Debería alegrarse de que sea Colin el padre de
Rosie, porque si hubiera sido otro, apostaría todo lo que tengo a que dejaría a
Juliet y Rosie tiradas. Y le puedo asegurar que no se siente nada bien, porque
he vivido en mi propia piel lo que es que tu padre deje embarazada a tu madre y
desaparezca.
A Chelsea se le quebró un poco la voz al
pronunciar las últimas palabras. Ella no lo entendía. Ya lo tenía superado,
¿no? Alan comprendió entonces a lo que ella se refería cuando habían estado
haciendo las galletas junto a Ed.
-Él no es una mala persona- continuó-
solo quiere lo mejor para Juliet. Los dos están muy enamorados, se les nota en
la mirada. Sé que a usted no le gusta nada que Rosie venga tan pronto. Si yo
fuera usted, tampoco estaría muy contenta. Pero escuche, Colin solo quería
complacer a Juliet cuando preguntó si podría quedarse aquí unos días, porque
ella tiene miedo de no estar a su lado en ese momento. Colin es el novio ideal
para Juliet y aunque no le de permiso para quedarse aquí con ella, eso no
cambiará. Por favor, piense en lo que le digo.
Sin decir nada más, la chica se marchó de
la cocina dejando a un Alan pensativo. Como si nada hubiera pasado, la muchacha
se sentó en la silla que hace escasos minutos había desocupado con la idea de
convencer al señor Harrison de la buena intención de Colin, que en ese momento
centraba su vista en los movimientos de la chica acompañado de los otros dos
restantes. Ella cruzó sus brazo y miró fijamente a la pareja, que se sentaba
enfrente de ella.
Edward hizo ademán de decir algo, pero,
totalmente al contrario que la rubia, decidió no meterse.
-Principalmente habíamos venido para
preguntarte si te apetecía dar una vuelta un rato- le dijo Chelsea a Juliet,
sorprendiendo a sus amigos por el cambio de tema tan radical.
-Ah pues… No, lo siento. Estaba
estudiando cuando llegasteis… Si os parece, salimos otro día.
-Me parece bien- sonrió la rubia.
-Colin.
Alan entró en la habitación, interrumpiendo
a los cuatro amigos. Respondiendo a su llamada, Colin posó su vista en la cara
resignada de Alan.
-Lo he pensado un poco y… Sí, puedes
quedarte con Juliet.
La pareja abrió los ojos de tal manera
que parecía que se saldrían de sus órbitas. Los dos sonrieron hasta que se
hicieron daño y se abrazaron, celebrándolo. Chelsea sonrió al ver que había
causado efecto sobre Alan.
-Pero con una condición- dijo Alan,
captando la atención de Colin-. Tú dormirás en otra cama- señaló al chico.
-Hecho- sonrió éste.
Alan se fue de la habitación dejando que
los chicos lo pudieran festejar. Juliet le dio las gracias a Chelsea y Ed les
felicitó, mientras Colin reía a carcajada limpia en su interior por las últimas
palabras del señor Harrison. Si Juliet no estuviera embarazada, tendría su lógica
que le pidiera dormir en otra cama, pero, ¿qué pensaba Alan que harían en esas
condiciones? Colin no podría preñarla de nuevo.
* * *
Varios
días después…
-¿Nombre, por favor?
-Liam Payne.
Al decir su nombre, la mujer apartó la vista
del ordenador y analizó las facciones del chico, quien concluyó que ya había
oído su nombre antes.
-Segunda planta, pasillo de la derecha,
sala doscientos veintisiete- volvió a pasar la mirada al ordenador al no
reconocer de qué le sonaba Liam.
El castaño miró a su madre, quien le hizo
un gesto para que se dirigieran al ascensor.
Las hermanas de Liam, Ruth y Nicola,
hubieran ido para estar con su hermano en un momento como ese, pero se quedaron
en Wolverhampton con su padre. Prometieron ir a Londres a verle al día
siguiente, aproximadamente al mediodía. Sin embargo, su madre no quería
perderse ni una sola fase del tratamiento que le estaban haciendo a su hijo.
Después de haberlo pasado tan mal sus primeros días de vida, Karen se había
sentido fatal consigo misma, pensando que todos los problemas de salud de Liam
habían sido por su culpa, por sus genes. Pero ahora, ella guardaba esperanzas
después de lo que le dijeron los médicos; el riñón de Liam estaba teniendo unos
extraños cambios últimamente y había estado yendo al hospital semanalmente para
hacerse un tratamiento, para comprobar de qué se trataba. Ese día era el último
y le tocaba hacerse un ultrasonido. Después, se quedaría en la cafetería del
hospital con su madre a esperar ya que le darían el resultado de las demás
pruebas a la noche y no le convenía irse antes; el tráfico estaba horrible esos
días.
-Creo que debería llamar a papá, Ruth y
Nicola. Es mejor que estén aquí cuanto antes para ver el final de todo esto…-
comentó Karen mientras pulsaba el botón redondo con el número dos del ascensor.
-No, mamá. De verdad que no me importa
que vengan mañana.
-Bueno, al menos estarán aquí a la hora
de la comida- cruzó los brazos y observó cómo se cerraban las puertas de la
cabina-. ¿Sabes? Es raro que lleves gafas de sol dentro del hospital- rió
Karen.
-Bueno, ¿y quién sabe? Puede que haya
alguna fan que me haya seguido la pista.
-Exageras un poco, hijo.
-No, mamá. Tú no sabes de lo que son
capaces- dijo, y sonrió. Sus fans estaban locas. Pero eran sus fans, de Louis,
Niall, Zayn y Harry. De nadie más.
Las puertas del ascensor volvieron a
abrirse dejando a madre e hijo en la segunda planta.
-¿Dijo a la derecha o a la izquierda?-
preguntó un Liam confuso.
-A la derecha, la doscientos veintisiete-
recordó su madre.
Torcieron hacia su diestra y se pusieron
en búsqueda de la sala doscientos veintisiete. En las anteriores visitas al
hospital no habían pasado nunca por la segunda planta y el hospital era
bastante grande, así que ya tenían por seguro que se perderían. Para alivio de
los dos, había bastante gente por los allí. Los médicos se paseaban por los
pasillos con un uniforme blanco y la mayoría tenían guardados en un pequeño
bolsillito de la camisa algún que otro bolígrafo. Liam también se cruzó con
algunas personas con un pijama azul que supuso serían de los ingresados, ya que
la gran parte de la gente que había visto ahí con ese traje tenía algún
problema de salud notable o embarazadas, que estas eran la mayoría de gente que
paseaba por ahí. Ellas no llevaban el pijama hortera del hospital.
-Mira, ¿no es esa?- Karen avistó la sala
en la que tenían que entrar para que a Liam le hicieran el ultrasonido y señaló
a la puerta de la habitación, que era de madera blanca y tenía una plaquita en
la que ponía el número. Debajo de éste estaba el nombre de una mujer, la que
sería la que le haría a Liam la última fase del tratamiento.
Antes de que les diera tiempo a sentarse
en uno de los banquitos que había debajo de la ventana de la habitación a la
que tenían que entrar, la puerta se abrió y una mujer que rondaría por los
treinta años que estaba embarazada salió de la sala con un hombre de la mano,
el cual llevaba un sobre marrón de un tamaño razonable. Probablemente sería
donde guardan las ecografías.
-¿Liam Payne?- una enfermera salió del
interior de la habitación con un papel en la mano y preguntó por el nombre del
chico.
-Soy yo- dijo el aludido.
-Entre, por favor.
Karen y Liam se levantaron de su asiento
y entraron en la sala con el permiso de la enfermera. Al entrar, apreciaron el
decorado de la habitación. Tenía una camilla a la izquierda, la cual en ese
momento la enfermera que les avisó estaba cubriéndola de papel blanco y
quitando el anterior que al parecer había usado la embarazada que acababa de
salir por la puerta, y tenía el respaldo un poco inclinado para poder apoyar
bien la espalda. A su lado había una máquina bastante grande con una pantalla y
en frente de la puerta había un gran escritorio y detrás de él estaba sentada
la doctora que le haría las ecografías a Liam.
-Buenas tardes- dijo la doctora,
levantándose de su silla.
-Buenas tardes- le respondieron madre e
hijo.
-Soy la doctora Stevenson, creo que ya
les comentaron un poco al empezar el tratamiento sobre lo que esto trataba,
¿verdad?
-Verdad- afirmó Liam.
-Bien, pues esta es la última prueba.
Queremos asegurar que todo está en orden antes de poder confirmar nada…- dijo
la doctora Stevenson mientras leía unas fichas con el expediente médico de Liam
que sostenía en la mano- ¿Te vas quitando la camiseta?- señaló a un biombo de
tela azul clara pero opaca en una esquina de la habitación.
-Claro.
Liam fue detrás del biombo para quitarse
la camiseta, pero solo porque se lo dijo la doctora. No entendía por qué tenía
que ponerse detrás de aquella cosa solo para quitarse la camiseta, ya que le
iban a ver su torso iba a estar descubierto de cualquier manera.
Mientras se deshacía de la camiseta, oyó
cómo su madre y la doctora Stevenson hablaban entre ellas sobre el proceso que
había tenido el riñón de Liam, ya que éste pudo entreoír algo.
Dejó la camiseta en una pequeña silla que
había detrás del biombo lo más estirada posible, dejando encima de ella su
teléfono móvil, billetera, llaves y sus gafas de sol más alguna otra cosa que
tendría perdida por el bolsillo. Antes de salir, suspiró. Cada vez faltaba menos
para los resultados de todo ese lío.
-¿Ya estás?- Liam asintió- Túmbate en la
camilla, ¿vale?- sonrió la mujer.
La mayoría de los médicos con los que él
había tratado eran bastante serios y con gestos inexpresivos, pero esta mujer
parecía agradable. El chico dudó si se comportaba así porque era su rutina o
porque ya sabía que Liam era bastante famoso.
-Voy a ponerte este papel aquí para que
no te manches el pantalón- dijo la mujer una vez Liam siguió sus indicaciones,
poniendo un papel estratégicamente por encima del pantalón del chico para que
no se ensuciara por accidente.
Karen se sentó en una silla que había
cerca de la camilla, al lado de su hijo.
-Esperemos que todo salga como
esperábamos- comentó Karen refiriéndose a las pruebas del final de la tarde.
La doctora abrió un bote que contenía un
gel azul, viscoso y frío que hizo que la piel del muchacho se erizara al hacer
contacto con su abdomen. Después, cogió el aplicador el cual tenía forma
cilíndrica y con él extendió el gel por la zona de su riñón inútil.
-Veamos.
La mujer extendió el gel por el cuerpo
del chico mientras miraba con atención a la pantalla del gran ordenador al que
el aplicador estaba conectado. En ésta se reproducían unas imágenes en
diferentes tonos grisáceos que según la doctora, era el interior del cuerpo de
Liam. Ella estaba intentando localizar el riñón mientras Karen y Liam
permanecían en silencio, esperando a que la mujer les diera alguna pista.
La doctora paró en un punto determinado y
Liam supuso que ya había encontrado lo que buscaba. Centró su vista en la
pantalla para ver su riñón, aunque él no era capaz de distinguir dónde estaba
ya que en ese tipo de imágenes era bastante difícil de apreciar qué era qué.
-¿Qué ve?- preguntó Karen.
La doctora Stevenson apartó la vista de
la pantalla y posó la mirada en Karen y después en Liam para finalmente
devolverla a la madre del chico.
La experta esbozó su sonrisa más sincera.
* * *
-¡Dijo la
segunda planta, estúpido!- Chelsea le gruñó a Edward.
Corrían, aunque
estuviera prohibido, como desesperados por los pasillos del hospital entero.
Aproximadamente veinte minutos antes, su mejor amigo y casi padre les había
llamado a los dos avisándoles de que Juliet y él ya se encontraban en el
hospital, así que los dos amigos decidieron ir allí a esperar a que Rosie
naciera y para que la pareja supiera que ellos dos estaban ahí para lo que
fuera.
-¿Dónde está
el ascensor?- dijo Chelsea, al borde de un ataque de nervios.
-Pues no lo
s… ¡Ahí!- el moreno apuntó a unas puertas de metal con su dedo cuando consiguió
encontrarlas.
Una vez
entraron dentro, pulsaron el botón que les llevaría a su destino sin perder ni
una milésima de segundo.
-¿Habrá
nacido ya?
-Pero, ¡qué
dices! Si dijo Colin que llegaron hace media hora solo- respondió Chelsea.
-Oh dios mío,
no estoy acostumbrado a esto- Ed se llevó las manos a la cabeza.
-¿Y yo sí? Tú
tienes dos hermanas pequeñas, yo soy hija única.
-Tienes
razón. ¡Pero no me acostumbro igualmente!
Las puertas
del ascensor se abrieron y los dos chicos salieron rápidamente de su interior.
Chelsea fue hacia el pasillo de la derecha, esperando que fuera en ese en el
que se encontraba la habitación donde Juliet estaba ingresada, pero Ed tomó el
pasillo contrario, lo que hizo que los dos pegaran un frenazo.
-¡Por aquí!-
la rubia volteó la cabeza.
-¡No, por
aquí primero!- le contradijo el moreno.
-Yo voy a ir
por aquí, y dividirnos no nos vamos a dividir- cruzó los brazos la chica.
-Mujeres-
refunfuñó Edward dirigiéndose a donde estaba su amiga-, todas sois iguales- esa
frase hizo reír a la muchacha.
-Vamos, anda-
Chelsea le cogió la muñeca a su amigo.
No tenían ni
la más remota idea de dónde podrían estar Juliet y Colin ya que la única
información que el rubio les dio por teléfono fue que estaban en la segunda
planta, en la habitación doscientos noventa y cuatro, así que tenían que estar
alertas para encontrar la sala correspondiente cuanto antes. Los dos movían la
cabeza de lado a lado cada vez que daban un paso para buscar la sala en la que Colin
les dijo que estaban. Mientras, millones de preguntas ocupaban la mente de los
dos chicos. ¿Estaría bien Juliet? ¿Habría nacido ya Rosie? ¿Cómo se lo estaba
tomando Colin? ¿Estarían teniendo complicaciones? Con todas estas
preocupaciones en la cabeza, llegaron al final el pasillo. Una de las últimas
habitaciones a la izquierda tenía grabado en la puerta el número que habían
estado buscando con desesperación y comprendieron que Juliet y Colin se
encontraban ahí. A sabiendas de que no podían entrar dentro, se sentaron en el
banco que había debajo de la ventana de la sala, que como la mayoría de las
habitaciones tenía unas cortinas azules por la que no se podía ver nada de lo
que se pasaba dentro.
-Mejor nos
quedamos aquí- suspiró Chelsea.
-Sí, supongo
que si la puerta está cerrada no se permitirán visitas.
-Tampoco creo
que Juliet las quiera en un momento como este- rió la chica.
-No, yo
tampoco lo creo- sonrió Edward-. ¿Crees que oiremos algo si estamos aquí
sentados?- miró a la chica.
-¿Perdona?-
la rubia se sorprendió por la pregunta.
-No, déjalo-
Ed se hizo el desentendido y volvió a mirar hacia adelante, intentando no reírse.
-¡Tonto!-
Chelsea le pegó un puñetazo suave al chico.
La pregunta
que Edward le había hecho a la chica le había impactado un poco. De tantas
cosas sobre las que preocuparse sobre lo que estaba pasando, ¿se preocupaba por
si oía algún que otro gemido de dolor? Definitivamente, no llegaría nunca a
entender cómo funcionaba la mente del chico.
-¡Hombre,
pero si estáis aquí!- la puerta de la habitación se abrió y Colin salió de
ella.
-Claro, ¿qué
esperabas?- Ed se levantó y le dio una palmada en el hombro a su amigo.
-Me alegro de
que estéis aquí- sonrió.
-¡¡Colin!!- antes
de que le diera tiempo a decir nada más, la voz de Juliet salió del interior de
la habitación gritando su nombre.
Los ojos del
rubio se abrieron como nunca al escuchar su grito desgarrador. A toda prisa,
corrió por el pasillo buscando a la matrona que en un principio estaba con
ellos, pero salió al baño que supuestamente estaba en el mismo pasillo que
ellos. Al parecer, no era el momento adecuado para ir al aseo.
Ed y Chelsea
se miraron entre ellos, asustados. Lo que habían estado esperando todo este
tiempo, estaba a punto de suceder.
----------------------------
Sé que he tardado siglos en subir y blablabla, pero lo he hecho más largo para compensar :3
Por cierto, este capítulo no hubiera salido si no hubiera sido por Texe Horan Pink Sparks, que por cierto, tiene una novela genialosa también *-*
Por cierto, y lo del riñón de Liam... Ok, lo del tratamiento me lo he inventado un poquito porque lo único que sé seguro es que se hizo un ultrasonido. Así que si no se hizo un tratamiento en la vida real... en mi novela sí. LOL
AND LIVE WHILE WE'RE YOUNG.
Gracias por leer, os quiero :)
Por cierto, y lo del riñón de Liam... Ok, lo del tratamiento me lo he inventado un poquito porque lo único que sé seguro es que se hizo un ultrasonido. Así que si no se hizo un tratamiento en la vida real... en mi novela sí. LOL
AND LIVE WHILE WE'RE YOUNG.
Gracias por leer, os quiero :)
Sinceramente me ha encantado,pero lo.has dejado con demasiada intriga!-.-Encima que me lo leo,con el sueño que tengo...jajaja.Bueno,que me ha encantadooo!Y pronto siguienteee:DD
ResponderEliminarJo, lo siento D:
EliminarAl menos ya he subido tres capítulos y tus dudas ya se evaporarán.
Ahora vendrán otras nuevas MUAHAHHAHAHAH
HOLA, hola, hola. Bueno veo que el capitulo está aqui, y vivo cuidao', porque este capitulo tiene accion. Chelsea es una chica bastante especial, en el buen sentido porque para convencer al padre de una casi madre adolescente de que su novio se quede en su propia casa tiene mérito.
ResponderEliminarBueno ya casi esta aquí Rosie.
Y me encata como narras e imaginas lo del funcionamiento del riñón de Liam. *O*-
La verdad es que no solo me encanta eso jajaja. Todos los capitulos de esta novela y con eso te digo que quiero el siguiente.
SIGUIENTE. UN BESO. DUCK (de nuevo)
Bueno, es que Alan tampoco tiene muchas luces AJAJAJAJAJA, es coña, es listo el tío u_u
EliminarBueno, no tenía muy claro el proceso que le hicieron a Liam con su riñón así que mejor inventárselo que poner aproximaciones raras.
Me encantas Duck*-*
Gracias por leer fasdsdgsdf
Holo corocolo!Soy Noa,y me he enamorau' de tu capítulo, bueno de tu novela entera, prométeme que si conoces a un chico como Ed o como Colin me lo presentarás.
ResponderEliminarAh, y una amiga como Chelsea y otra como Juliet.
Y para no saber nada del tratamiento de Liam y eso te lo inventaste muuy bien a mi no se me habría ocurrido nada parecido.
¿Y la matrona tuvo que ir al baño? Podria esperarse un poco o algo la pbre Juliet allí mueriendo de dolor y la otra meando, JAJAJA
Bueno no me enrollo más quiero el siguiente pero YA. SIGUIENTEEEEEEE, BESOOOOOS :)
Tía, si encuentro a algún chico como Colin o como Ed, me lo quedo, lo siento LOL
EliminarSí, es que ya sabes, para meter drama le puse que se fue al baño JAJAJJAJA es demasiado penoso,¿verdad? ._. al menos funcionó.
Gracias por leeeer :3
Siguiienteee!!! me encanta esta genial :D
ResponderEliminar¡Me alegra que te guste! :'D
EliminarPor cierto, ya he subido. ¡Es un maratón navideño!
Espero que lo disfrutes :)
Sube ya. LEÑEs. será porque no te lo digo. Ay dio mio. :) (: . CACAHUETE te envia recuerdos. y vicente ha encontrado su pelota nueva. :B
ResponderEliminarTúuuuuuuuuuuuuuuuuuu. Ya he subido, y son tres capítulos. A QUE NO TE LO ESPERABAS *-*
EliminarMuchas gracias por leer sdafasdf
Recuerdos a cacahuete también de mi parte!