-¿Te acuerdas de Liam?
Edward se levantó de su
silla y le dio unas palmaditas en el hombro al castaño, como si se conocieran
ya de toda la vida. Se fue a buscar una silla para que los tres pudieran
sentarse cómodamente alrededor de la mesa, sin darse cuenta de que había dejado
solos a dos chicos tímidos y cortados, mirándose el uno al otro.
Liam se había hecho a la
idea de que iba a volver a verla y se había decidido a pasar de todo lo que
pasó la primera vez que se encontraron y empezar de cero. Él miraba a Chelsea
porque se sentía un poco incómodo y observado al apartar la mirada y notar que
ella mantenía su vista fija en él, pero Chelsea más bien se quedó en una
especie de shock. Fue el simple hecho de mirarle a los ojos y acordarse de la
escena en la que despertó de su desmayo, desviar la mirada a su cuello y venir
a su mente el momento en el que se agarró desesperadamente a él. Él en general
le recordaba a lo que quería olvidar. Sin embargo, a los ojos de la rubia él
parecía totalmente tranquilo y se sintió un poco ridícula.
Cogió aire y se centró en
el pensamiento de que exagerar las cosas no ayudaba nada. Ya lo tenía superado,
tampoco era un trauma tan grande como para ponerse a llorar al ver a Liam
porque su rostro le recordaba a ese momento.
-Liam- Chelsea se levantó de
su taburete y le dio un corto abrazo al chico-. Soy Chelsea, creo que no te
dije mi nombre la última vez que… bueno.
-No, no me lo dijiste. Y me
alegro de que lo hayas hecho, sería raro que tú supieras el mío y yo no.
Los dos rieron de una
manera en la que no les parecía incómodo, pero sí raro.
-He encontrado un taburete
libre, ya te puedes sentar- Ed colocó un taburete detrás de Liam para que se
pudiera sentar-. Me ha costado lo suyo, pero al fin lo tengo.
Liam se lo agradeció a
Edward y los tres volvieron a sentarse. Justo al hacerlo se dio cuenta de que
en la mesa había una cámara de fotos profesional y que era de Chelsea, ya que
estaba justo a su lado. No sabía que era una de esas chicas que hacía
fotografía profesional y que llevaba la cámara a todos lados, aunque esto
último lo intuyó porque, ¿quién se llevaría una cámara a un hospital? Para
decir verdad, Liam no sabía nada de ella nada más que su nombre y que tenía
miedo a las alturas.
-No me esperaba encontraros
por aquí, la verdad- se sinceró Liam.
-¿Verdad? Dicen que el
mundo es un pañuelo- asintió Chelsea, que a pesar de estar hablando con Liam,
no se cortó y siguió comiendo su brownie. ¿Y esperar a que se le enfriara? Ni
hablar.
-Y nosotros somos los m…
¡Joder! ¡Eso ha dolido, Ch…! Digo, sí, es un pañuelo- Liam rió por el
espectáculo.
-Si te soy sincero, no me
acordaba mucho de ti, Rachel.
Chelsea se quedó en
desconcierto cuando Liam pronunció esas palabras.
¿Rachel? No, ella se
llamaba Chelsea si mal no creía recordar. Algo que le sorprendió fue que fuera
Edward el que respondiera al nombre de Rachel.
-Es normal que de mí no-
carcajeó Ed, más por el hecho de que se hubiera dirigido a él como Rachel, como
él mismo le había recomendado, que por el tema de conversación-. Pero apuesto a
que de Chelsea no te has olvidado. Y, sé que te dije que me podías llamar
Rachel, pero te agradecería que lo hicieras de alguna otra manera que no sea un
nombre de mujer, gracias- los dos chicos rieron. Chelsea se limitó a sonreír ya
que no entendía de qué iba la cosa.
-Créeme, lo he intentado-
cabeceó-. ¡Oh! Chelsea, no… no me refería a eso- rectificó en cuanto se dio
cuenta de lo que había dicho, aunque la rubia ni siquiera había reaccionado de
ninguna manera. No le había dado tiempo-. No olvidarme de ti, si no de la
situación.
-Tranquilo, tranquilo- rió
imperceptiblemente-. Sé a lo que te refieres, a mi me pasa igual- sonrió,
transmitiéndole calma.
-Bueno, y… ¿qué hacéis aquí
vosotros?- preguntó Liam.
-Oh, verás- empezó Ed-. Es
que un amigo nuestro va a ser padre, ya sabes. Hemos venido para acompañarlos,
para que sepan que estamos aquí. La verdad es que no es solo un amigo, es
nuestro mejor amigo.
-¿Te acuerdas del chico
rubio que estaba con nosotros la primera vez que nos encontramos?- dijo
Chelsea- Pues es él. Colin Adams.
-Ah, ¿es él? Me pareció más
joven cuando le vi.
-Tiene nuestra edad.
-¿Sí? Vaya, como me
dijisteis que iba a ser padre…
-Y lo va a ser, pero están
muy contentos. Su novia y él, claro. No es el típico caso en el que el chico
deja a la chica preñada y huye de la situación- Chelsea escupió las palabras,
apretando los puños por debajo de la mesa. Liam se sintió un poco incómodo y Edward
la miró con preocupación. Decidió que cambiar de tema era lo mejor para todos.
-¿Y tú por qué estás aquí?-
le dio unas palmaditas en la pierna a su amiga.
-Vine a hacerme unas
resonancias. Es una larga historia- con un gesto, le quitó importancia. Había
contado esa historia tantas veces que ya le daba un poco de palo, además no
quería que se repitiera la misma escena de siempre donde ellos se compadecen de
él. Antes, ese era un tema más privado para él, pero desde que está en One
Direction es más público, como su persona en general.
-Por nosotros no te
preocupes, seguro que nos quedamos para rato aquí- dijo Chelsea
desinteresadamente, aunque en su interior tenía curiosidad.
-Hola chicos, siento
interrumpir.
Karen apareció y salvó a su
hijo de dar una explicación sobre un tema del que no estaba muy dispuesto a
hablar.
-Liam, en cinco minutos
tenemos que ir al despacho del doctor Cardew.
-Vale- contestó a su
madre-. Lo siento chicos, sé que apenas hemos hablado pero debo irme ya- dijo
mientras se levantaba.
-Lo lamento, chicos- deploró
Karen.
-Si quieres, podemos
intercambiar números y hablar luego y más despacio- propuso Ed.
-Me parece bien- asintió
Liam, sonriendo.
Cuatro días más tarde…
-¿Y
una muñeca?
-Sí,
y que se coma los accesorios.
-¿Y
un osito?
-Ya
te dije que tiene el que le compró Colin en la feria.
-Definitivamente,
eres difícil de contentar.
-Y
eso que el regalo no es para mí- rió Chelsea-. Sujeta esto.
-¿Tu
cámara?
-Sí,
se me han desatado las zapatillas.
Ed
y ella habían ido a una de las pocas tiendas esparcidas por únicamente Londres
de la famosa cadena de juguetes Hamley. Esa tarde, Juliet les había invitado a
su casa para tomar un té y disfrutar de las ricas pastas que su padre hacía con
el motivo de visita a Rosie y a sus padres.
Ellos
no serían los únicos en ir; toda la familia de Juliet estaba citada. Colin se
abstuvo a que sus familiares fueran, prefiriendo así celebrar otro día una
reunión parecida pero con solo su parentela porque los dos procedían de
familias numerosas y sabía que no cabrían todos en el salón de la chica.
A
Chelsea y a Edward les pareció buena idea llevar algún detalle para Rosie, así
que fueron a aquella tienda para ver lo que sería más adecuado para un bebé
recién nacido.
-Rubia,
¿tú sabes por dónde se iba a la puerta? Porque me he perdido.
-Normal,
esto es demasiado grande- dijo al terminar de atar sus cordones en forma de
lazo. Al levantar la vista de su zapatilla, vio algo que podría ser válido-.
¡Mira! Hello Kitty. A las niñas les gusta Hello Kitty- sonrió al encontrar al
fin algo que podría gustarle a Rosie. Se acercó al estante donde vio su
objetivo.
-Y
a las adolescentes asiáticas también- revolvió su pelo con una mano-. ¿No crees
que sería muy bruto regalarle a alguien un peluche que sea tres veces más
grande que él? Literalmente.
-Pero
no me dirás que no es mono.
-Fíjate
en peluches que le quepan en la cuna, por favor.
Chelsea
siguió mirando muñecos, pero de la misma zona en la que se encontraba y sin
cambiar de posición, cosa que aprovechó Edward ya que tenía la cámara de la
chica en su posesión.
Todavía hay capítulo después de la
foto.
Sonrió
al guardar la cámara, pensando en la cara que pondría cuando viera esa foto y
supiera al instante que la había echado él.
-¡Oh!
Me he enamorado.
-¿Eh?-
la chica miró a su amigo.
-Un
peluche de unicornio.
-¿Dónde?
-Aquí,
mira- dijo con voz emocionada.
Ed
se dirigió al peluche y lo cogió entre sus manos, se dio la vuelta y se lo
mostró a la rubia.
Era
un unicornio blanco y de textura muy suave. El cuerno, los ojos y la nariz cambiaban
de color pero no de material, lo cual daba muchos puntos ya que Rosie no podría
hacerse daño con él. El pelo que tenía estaba alborotado pero, al no ser muy
largo, no se enredaba y seguía siendo agradable al tacto. A parte, estaba la
tontería de que era un unicornio, así que tenía todas las papeletas para que se
lo llevaran.
-Del
tamaño perfecto y todo.
-¿Cuánto
cuesta?
-Pues…
El
moreno le dio mil y una vueltas al peluche, buscando la etiqueta que indicara
el precio que costaba aquello. Como siempre, lo hizo sin éxito.
-Ed…
-Espera,
tiene que estar aquí- le dio una vuelta más, sin rendirse.
-Ed,
es que est…
-Seguro
que está en la pata- la cortó.
-¡Ed!
¡Que lo pone en el papelito que está pegado a la balda!
El
chico paró al peluche para alivio de Chelsea, ya que empezaba a marearle verle
hacer eso, y miró a la balda donde él mismo había cogido el unicornio.
Y,
efectivamente, ahí ponía el precio.
-Ah,
¿y me lo dices ahora?- entrecerró los ojos.
-Pero
si...- Chelsea bufó y provocó la risa de Ed- Bien, no se sale de nuestro
presupuesto.
-Pues
salgamos ya de aquí. Tenemos…- el moreno miró su reloj de muñeca- Media hora
para llegar a casa de Juliet.
-Está
demasiado lejos- hinchó sus mofletes.
-No
creo que lleguemos si vamos a pie- se apenó.
Hubo
un pequeño silencio en el que Chelsea y Ed se miraron mutuamente a los ojos,
pero solo una mirada bastó para que los dos amigos se entendieran y salieran
corriendo cual correcaminos de aquel pasillo.
-¿Dónde
está la caja?- preguntó Chelsea mientras corrían.
-¡En
la primera planta!
-Bajemos
por las escaleras, es más rápido.
-De
acuerdo.
Y
así, corriendo y dejándose el aliento a cada paso, llegaron a la cola para
pagar. Y no es que fuera precisamente pequeña.
-Pues
perfecto- la rubia se cruzó de brazos, aún jadeando.
-¿Y
si nos colamos? Ponemos alguna excusa y…- propuso Ed.
-¡Aquí
no se cuela ni Dios!- una mujer rechoncha que estaba delante de ellos en la
fila se dio la vuelta y cortó a Edward, levantando su dedo índice y haciendo
que éste se asustara.
-Vale,
mejor esperamos- le susurró a su amiga cuando la señora volvió a mirar al
frente. Chelsea no pudo evitar reír.
* * *
-¡Ya va!- una voz de dentro
de la casa avisó a la familia Payne de que les abrirían la puerta enseguida.
Ese día Liam había quedado
con toda su familia en casa de su prima segunda, que, aparentemente, se alojaba
en Londres. Según sus padres, cuando él era pequeño la prima de su madre,
Sarah, se mudó a la gran ciudad para empezar una nueva vida con su marido. A
pesar de eso, ella solía ir a Wolverhampton cada fin de semana para visitar a
su familia, así que cuando su prima segunda nació tuvo la oportunidad de
conocerla e incluso tiene fotos donde aparecían jugando juntos con otros niños
de la familia. A medida que pasaba el tiempo dejaban de pasar tanto por aquella
ciudad hasta que llegó el punto en el que hacía muchos años que no se veían,
solamente por ocasiones especiales. Ahora la familia de Sarah había organizado
una quedada para reencontrarse con el parentesco residente en Wolverhampton, y
Liam no quería faltar.
-¡Hola!
La puerta de la casa se
abrió, mostrando a una mujer adulta y sonriente. Sus ojos eran azules y
destellantes, casi cubiertos por el flequillo de su largo pelo castaño. Liam
supuso que aquella sería la prima de su madre, cosa que confirmó al ver que
ellas eran las que se abrazaban primero.
-¿Cómo estás?- preguntó
Karen, aún abrazándola- Cuánto tiempo.
-Ya os echaba de menos, me
alegra que hayáis venido- dijo Sarah con voz dulce-. ¡Ruth! ¡Nicola! Cómo
habéis crecido, estáis hechas unas mujeres ya- abrió sus brazos y envolvió a
sus hermanas, saludando más tarde a su padre, y por último, a él-. ¡Liam! No sé
si te acordarás de mí, eras muy pequeño la última vez que nos vimos.
-Algún vago recuerdo sí que
me queda- le abrazó.
-Entonces tendrás que
acordarte de mi hija, pasabas más tiempo con ella y con tus demás primos.
-Pues de eso es de lo que
me acuerdo menos.
-¿Sí? Vaya- rió.
-¿Dónde tienes las tazas,
Sarah?- reconoció la voz de su madre, que le preguntaba desde el interior de la
casa.
-¡Ya voy yo! Anda Liam,
cariño, pasa y cierra tú la puerta, que me reclaman.
-Claro- sonrió.
-¡Ahora ve al salón, que
están todos ahí!- dijo antes de entrar por una puerta y desaparecer.
Liam pasó a la casa y
contempló el interior.
Desde el hall ya se oía el
sonido de la familia hablando entre ella que venía del salón. Tenía que haber
venido mucha gente si se iban a reunir todos los familiares de Wolverhampton
que tocaban la sangre de Sarah y luego sumarle la familia de su marido, que le
habían dicho que también iba a venir.
Giró
sobre sus pies y cogió el pomo para cerrar la puerta.
-¡¡No cierres!! ¡¡Espera!!-
antes de poder cerrarla oyó unas voces que procedían de fuera y que le pedían a
gritos, literalmente, que dejara la puerta abierta.
Liam se asomó y divisó a
dos chicos corriendo hacia él, aunque estaban demasiado lejos como para
reconocerlos.
Seguro que será algún sobrino de Sarah- pensó.
Haciendo caso a lo que le
pedían, dejó la puerta abierta y se volvió a meter dentro de la casa. No quería
quedarse mirando cómo venían corriendo ya que no sabía si los conocía y se
sentiría un poco incómodo. Prefirió esperar a que vinieran antes de irse al salón
con el resto de la familia, más bien porque le habían visto y no quería parecer
maleducado con ellos.
¿Y si algún familiar de
Sarah era fan suyo? Bueno, no le costaría nada pasar una tarde con un fan,
aunque eso cambiaría bastante su plan de té familiar.
Oyó el sonido de los dos
chicos corriendo hacia él acompañado de risas más nítidamente, así que se
preparó para saludar a quien quiera que fuera porque lo más probable era que no
los conociera.
-¡Lo siento, llegamos
tard…!- gritó una voz de chica jadeante, pero antes de terminar la oración, se
calló.
Los dos chicos frenaron en
seco en cuanto vieron que era Liam quien les esperaba en la puerta. Y él
tampoco se quedó atrás.
-¿Chelsea? ¿Ed? ¿Qué
hacéis aquí?
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¿Estáis disfrutando del maratón de Navidad?
¡Comentad vuestra opinión! :)
Att: Amber Fletcher

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