domingo, 6 de enero de 2013

Capítulo 9. (Maratón navideño)


-¿Te acuerdas de Liam?

Edward se levantó de su silla y le dio unas palmaditas en el hombro al castaño, como si se conocieran ya de toda la vida. Se fue a buscar una silla para que los tres pudieran sentarse cómodamente alrededor de la mesa, sin darse cuenta de que había dejado solos a dos chicos tímidos y cortados, mirándose el uno al otro.
Liam se había hecho a la idea de que iba a volver a verla y se había decidido a pasar de todo lo que pasó la primera vez que se encontraron y empezar de cero. Él miraba a Chelsea porque se sentía un poco incómodo y observado al apartar la mirada y notar que ella mantenía su vista fija en él, pero Chelsea más bien se quedó en una especie de shock. Fue el simple hecho de mirarle a los ojos y acordarse de la escena en la que despertó de su desmayo, desviar la mirada a su cuello y venir a su mente el momento en el que se agarró desesperadamente a él. Él en general le recordaba a lo que quería olvidar. Sin embargo, a los ojos de la rubia él parecía totalmente tranquilo y se sintió un poco ridícula.
Cogió aire y se centró en el pensamiento de que exagerar las cosas no ayudaba nada. Ya lo tenía superado, tampoco era un trauma tan grande como para ponerse a llorar al ver a Liam porque su rostro le recordaba a ese momento.

-Liam- Chelsea se levantó de su taburete y le dio un corto abrazo al chico-. Soy Chelsea, creo que no te dije mi nombre la última vez que… bueno.
-No, no me lo dijiste. Y me alegro de que lo hayas hecho, sería raro que tú supieras el mío y yo no.

Los dos rieron de una manera en la que no les parecía incómodo, pero sí raro.

-He encontrado un taburete libre, ya te puedes sentar- Ed colocó un taburete detrás de Liam para que se pudiera sentar-. Me ha costado lo suyo, pero al fin lo tengo.

Liam se lo agradeció a Edward y los tres volvieron a sentarse. Justo al hacerlo se dio cuenta de que en la mesa había una cámara de fotos profesional y que era de Chelsea, ya que estaba justo a su lado. No sabía que era una de esas chicas que hacía fotografía profesional y que llevaba la cámara a todos lados, aunque esto último lo intuyó porque, ¿quién se llevaría una cámara a un hospital? Para decir verdad, Liam no sabía nada de ella nada más que su nombre y que tenía miedo a las alturas.

-No me esperaba encontraros por aquí, la verdad- se sinceró Liam.
-¿Verdad? Dicen que el mundo es un pañuelo- asintió Chelsea, que a pesar de estar hablando con Liam, no se cortó y siguió comiendo su brownie. ¿Y esperar a que se le enfriara? Ni hablar.
-Y nosotros somos los m… ¡Joder! ¡Eso ha dolido, Ch…! Digo, sí, es un pañuelo- Liam rió por el espectáculo.
-Si te soy sincero, no me acordaba mucho de ti, Rachel.

Chelsea se quedó en desconcierto cuando Liam pronunció esas palabras.
¿Rachel? No, ella se llamaba Chelsea si mal no creía recordar. Algo que le sorprendió fue que fuera Edward el que respondiera al nombre de Rachel.

-Es normal que de mí no- carcajeó Ed, más por el hecho de que se hubiera dirigido a él como Rachel, como él mismo le había recomendado, que por el tema de conversación-. Pero apuesto a que de Chelsea no te has olvidado. Y, sé que te dije que me podías llamar Rachel, pero te agradecería que lo hicieras de alguna otra manera que no sea un nombre de mujer, gracias- los dos chicos rieron. Chelsea se limitó a sonreír ya que no entendía de qué iba la cosa.
-Créeme, lo he intentado- cabeceó-. ¡Oh! Chelsea, no… no me refería a eso- rectificó en cuanto se dio cuenta de lo que había dicho, aunque la rubia ni siquiera había reaccionado de ninguna manera. No le había dado tiempo-. No olvidarme de ti, si no de la situación.
-Tranquilo, tranquilo- rió imperceptiblemente-. Sé a lo que te refieres, a mi me pasa igual- sonrió, transmitiéndole calma.
-Bueno, y… ¿qué hacéis aquí vosotros?- preguntó Liam.
-Oh, verás- empezó Ed-. Es que un amigo nuestro va a ser padre, ya sabes. Hemos venido para acompañarlos, para que sepan que estamos aquí. La verdad es que no es solo un amigo, es nuestro mejor amigo.
-¿Te acuerdas del chico rubio que estaba con nosotros la primera vez que nos encontramos?- dijo Chelsea- Pues es él. Colin Adams.
-Ah, ¿es él? Me pareció más joven cuando le vi.
-Tiene nuestra edad.
-¿Sí? Vaya, como me dijisteis que iba a ser padre…
-Y lo va a ser, pero están muy contentos. Su novia y él, claro. No es el típico caso en el que el chico deja a la chica preñada y huye de la situación- Chelsea escupió las palabras, apretando los puños por debajo de la mesa. Liam se sintió un poco incómodo y Edward la miró con preocupación. Decidió que cambiar de tema era lo mejor para todos.
-¿Y tú por qué estás aquí?- le dio unas palmaditas en la pierna a su amiga.
-Vine a hacerme unas resonancias. Es una larga historia- con un gesto, le quitó importancia. Había contado esa historia tantas veces que ya le daba un poco de palo, además no quería que se repitiera la misma escena de siempre donde ellos se compadecen de él. Antes, ese era un tema más privado para él, pero desde que está en One Direction es más público, como su persona en general.
-Por nosotros no te preocupes, seguro que nos quedamos para rato aquí- dijo Chelsea desinteresadamente, aunque en su interior tenía curiosidad.
-Hola chicos, siento interrumpir.

Karen apareció y salvó a su hijo de dar una explicación sobre un tema del que no estaba muy dispuesto a hablar.

-Liam, en cinco minutos tenemos que ir al despacho del doctor Cardew.
-Vale- contestó a su madre-. Lo siento chicos, sé que apenas hemos hablado pero debo irme ya- dijo mientras se levantaba.
-Lo lamento, chicos- deploró Karen.
-Si quieres, podemos intercambiar números y hablar luego y más despacio- propuso Ed.
-Me parece bien- asintió Liam, sonriendo.


Cuatro días más tarde…


-¿Y una muñeca?
-Sí, y que se coma los accesorios.
-¿Y un osito?
-Ya te dije que tiene el que le compró Colin en la feria.
-Definitivamente, eres difícil de contentar.
-Y eso que el regalo no es para mí- rió Chelsea-. Sujeta esto.
-¿Tu cámara?
-Sí, se me han desatado las zapatillas.

Ed y ella habían ido a una de las pocas tiendas esparcidas por únicamente Londres de la famosa cadena de juguetes Hamley. Esa tarde, Juliet les había invitado a su casa para tomar un té y disfrutar de las ricas pastas que su padre hacía con el motivo de visita a Rosie y a sus padres.
Ellos no serían los únicos en ir; toda la familia de Juliet estaba citada. Colin se abstuvo a que sus familiares fueran, prefiriendo así celebrar otro día una reunión parecida pero con solo su parentela porque los dos procedían de familias numerosas y sabía que no cabrían todos en el salón de la chica.
A Chelsea y a Edward les pareció buena idea llevar algún detalle para Rosie, así que fueron a aquella tienda para ver lo que sería más adecuado para un bebé recién nacido.

-Rubia, ¿tú sabes por dónde se iba a la puerta? Porque me he perdido.
-Normal, esto es demasiado grande- dijo al terminar de atar sus cordones en forma de lazo. Al levantar la vista de su zapatilla, vio algo que podría ser válido-. ¡Mira! Hello Kitty. A las niñas les gusta Hello Kitty- sonrió al encontrar al fin algo que podría gustarle a Rosie. Se acercó al estante donde vio su objetivo.
-Y a las adolescentes asiáticas también- revolvió su pelo con una mano-. ¿No crees que sería muy bruto regalarle a alguien un peluche que sea tres veces más grande que él? Literalmente.
-Pero no me dirás que no es mono.
-Fíjate en peluches que le quepan en la cuna, por favor.

Chelsea siguió mirando muñecos, pero de la misma zona en la que se encontraba y sin cambiar de posición, cosa que aprovechó Edward ya que tenía la cámara de la chica en su posesión.


Todavía hay capítulo después de la foto.



Sonrió al guardar la cámara, pensando en la cara que pondría cuando viera esa foto y supiera al instante que la había echado él.

-¡Oh! Me he enamorado.
-¿Eh?- la chica miró a su amigo.
-Un peluche de unicornio.
-¿Dónde?
-Aquí, mira- dijo con voz emocionada.

Ed se dirigió al peluche y lo cogió entre sus manos, se dio la vuelta y se lo mostró a la rubia.
Era un unicornio blanco y de textura muy suave. El cuerno, los ojos y la nariz cambiaban de color pero no de material, lo cual daba muchos puntos ya que Rosie no podría hacerse daño con él. El pelo que tenía estaba alborotado pero, al no ser muy largo, no se enredaba y seguía siendo agradable al tacto. A parte, estaba la tontería de que era un unicornio, así que tenía todas las papeletas para que se lo llevaran.

-Del tamaño perfecto y todo.
-¿Cuánto cuesta?
-Pues…

El moreno le dio mil y una vueltas al peluche, buscando la etiqueta que indicara el precio que costaba aquello. Como siempre, lo hizo sin éxito.

-Ed…
-Espera, tiene que estar aquí- le dio una vuelta más, sin rendirse.
-Ed, es que est…
-Seguro que está en la pata- la cortó.
-¡Ed! ¡Que lo pone en el papelito que está pegado a la balda!

El chico paró al peluche para alivio de Chelsea, ya que empezaba a marearle verle hacer eso, y miró a la balda donde él mismo había cogido el unicornio.
Y, efectivamente, ahí ponía el precio.

-Ah, ¿y me lo dices ahora?- entrecerró los ojos.
-Pero si...- Chelsea bufó y provocó la risa de Ed- Bien, no se sale de nuestro presupuesto.
-Pues salgamos ya de aquí. Tenemos…- el moreno miró su reloj de muñeca- Media hora para llegar a casa de Juliet.
-Está demasiado lejos- hinchó sus mofletes.
-No creo que lleguemos si vamos a pie- se apenó.

Hubo un pequeño silencio en el que Chelsea y Ed se miraron mutuamente a los ojos, pero solo una mirada bastó para que los dos amigos se entendieran y salieran corriendo cual correcaminos de aquel pasillo.

-¿Dónde está la caja?- preguntó Chelsea mientras corrían.
-¡En la primera planta!
-Bajemos por las escaleras, es más rápido.
-De acuerdo.

Y así, corriendo y dejándose el aliento a cada paso, llegaron a la cola para pagar. Y no es que fuera precisamente pequeña.

-Pues perfecto- la rubia se cruzó de brazos, aún jadeando.
-¿Y si nos colamos? Ponemos alguna excusa y…- propuso Ed.
-¡Aquí no se cuela ni Dios!- una mujer rechoncha que estaba delante de ellos en la fila se dio la vuelta y cortó a Edward, levantando su dedo índice y haciendo que éste se asustara.
-Vale, mejor esperamos- le susurró a su amiga cuando la señora volvió a mirar al frente. Chelsea no pudo evitar reír.


* * *


-¡Ya va!- una voz de dentro de la casa avisó a la familia Payne de que les abrirían la puerta enseguida.

Ese día Liam había quedado con toda su familia en casa de su prima segunda, que, aparentemente, se alojaba en Londres. Según sus padres, cuando él era pequeño la prima de su madre, Sarah, se mudó a la gran ciudad para empezar una nueva vida con su marido. A pesar de eso, ella solía ir a Wolverhampton cada fin de semana para visitar a su familia, así que cuando su prima segunda nació tuvo la oportunidad de conocerla e incluso tiene fotos donde aparecían jugando juntos con otros niños de la familia. A medida que pasaba el tiempo dejaban de pasar tanto por aquella ciudad hasta que llegó el punto en el que hacía muchos años que no se veían, solamente por ocasiones especiales. Ahora la familia de Sarah había organizado una quedada para reencontrarse con el parentesco residente en Wolverhampton, y Liam no quería faltar.

-¡Hola!

La puerta de la casa se abrió, mostrando a una mujer adulta y sonriente. Sus ojos eran azules y destellantes, casi cubiertos por el flequillo de su largo pelo castaño. Liam supuso que aquella sería la prima de su madre, cosa que confirmó al ver que ellas eran las que se abrazaban primero.

-¿Cómo estás?- preguntó Karen, aún abrazándola- Cuánto tiempo.
-Ya os echaba de menos, me alegra que hayáis venido- dijo Sarah con voz dulce-. ¡Ruth! ¡Nicola! Cómo habéis crecido, estáis hechas unas mujeres ya- abrió sus brazos y envolvió a sus hermanas, saludando más tarde a su padre, y por último, a él-. ¡Liam! No sé si te acordarás de mí, eras muy pequeño la última vez que nos vimos.
-Algún vago recuerdo sí que me queda- le abrazó.
-Entonces tendrás que acordarte de mi hija, pasabas más tiempo con ella y con tus demás primos.
-Pues de eso es de lo que me acuerdo menos.
-¿Sí? Vaya- rió.
-¿Dónde tienes las tazas, Sarah?- reconoció la voz de su madre, que le preguntaba desde el interior de la casa.
-¡Ya voy yo! Anda Liam, cariño, pasa y cierra tú la puerta, que me reclaman.
-Claro- sonrió.
-¡Ahora ve al salón, que están todos ahí!- dijo antes de entrar por una puerta y desaparecer.

Liam pasó a la casa y contempló el interior.
Desde el hall ya se oía el sonido de la familia hablando entre ella que venía del salón. Tenía que haber venido mucha gente si se iban a reunir todos los familiares de Wolverhampton que tocaban la sangre de Sarah y luego sumarle la familia de su marido, que le habían dicho que también iba a venir.
Giró sobre sus pies y cogió el pomo para cerrar la puerta.

-¡¡No cierres!! ¡¡Espera!!- antes de poder cerrarla oyó unas voces que procedían de fuera y que le pedían a gritos, literalmente, que dejara la puerta abierta.

Liam se asomó y divisó a dos chicos corriendo hacia él, aunque estaban demasiado lejos como para reconocerlos.
Seguro que será algún sobrino de Sarah- pensó.
Haciendo caso a lo que le pedían, dejó la puerta abierta y se volvió a meter dentro de la casa. No quería quedarse mirando cómo venían corriendo ya que no sabía si los conocía y se sentiría un poco incómodo. Prefirió esperar a que vinieran antes de irse al salón con el resto de la familia, más bien porque le habían visto y no quería parecer maleducado con ellos.
¿Y si algún familiar de Sarah era fan suyo? Bueno, no le costaría nada pasar una tarde con un fan, aunque eso cambiaría bastante su plan de té familiar.
Oyó el sonido de los dos chicos corriendo hacia él acompañado de risas más nítidamente, así que se preparó para saludar a quien quiera que fuera porque lo más probable era que no los conociera.

-¡Lo siento, llegamos tard…!- gritó una voz de chica jadeante, pero antes de terminar la oración, se calló.

Los dos chicos frenaron en seco en cuanto vieron que era Liam quien les esperaba en la puerta. Y él tampoco se quedó atrás.

-¿Chelsea? ¿Ed? ¿Qué hacéis aquí?
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¿Estáis disfrutando del maratón de Navidad?
¡Comentad vuestra opinión! :)
Att: Amber Fletcher

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